9 de febrero de 2011

En torno a la huella tecnológica en la mente

La tecnofobia no es un asunto novedoso, es la respuesta normal del cerebro socioculturalmente adaptado a una forma de pensar, hacer y pensar con unas formas de hacer. La historia está llena de estas reacciones que, cargadas de maniqueísmo, cifran entre buenas y malas tecnologías, léase buenas y malas creaciones culturales. Por ejemplo, aquí tres casos de “debilitamiento de la mente” por responsabilidad de los nuevos artilugios.

1. “Porque aquellos que aprendan ese arte dejarán de ejercitar su memoria y se volverán olvidadizos; confiarán en la escritura para traer los recuerdos a su memoria mediante signos exteriores en lugar de mediante sus propios recursos internos. Lo que has descubierto es una medicina para el recuerdo, no para la memoria. (Platón, Fedro). 

2. “En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio, y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio (Cervantes, El Quijote de La Mancha).

3. “La Red disuade el pensamiento con atención –nos bombardea con distracciones e interrupciones– y como resultado, creo que debilita nuestra apacidad para filtrar las distracciones y centrarnos en una cosa, o una línea de pensamiento durante un periodo de tiempo dilatado" (Nicholas Carr, entrevista).
  • Primer caso: la crítica por liquidar con la escritura la capacidad de recuerdo y, también, matar la voz del maestro. 
  • Segundo caso: la posibilidad de extravío gracias a la lectura, que no es otra cosa que viajar a mundos diversos.
  • Tercer caso: el peligro de perder la concentración y perdernos en un abismo poliédrico.
Los dos primeros casos, así como la imagen de arriba, fueron los "actos reflejos" que se generarón en mi mente al leer el artículo "un mundo distraído" y la entrevista en Ágora cultural-virtual sobre los efectos de Internet, ambos de Nicholas Carr.

A cuento de esto, lo único que quiero comentar es que, por un lado, no debería llamar la atención la actitud de recelo sobre la "injerencia perversa" de una tecnología en la mente. Pero, por otro lado, no se debe olvidar que la mente es mente instrumentalizada por todas las herramientas culturales, físicas y simbólicas, y que no existe otra forma de desarrollo cognitivo. La mente está instrumentalizada culturalmente, cada herramienta añade un residuo cognitivo con el que opera, y dicha instrumentalización se hace en condiciones sociales.

No existe pues una mente Robinson Crusoe, ni herramientas nuetras. Como señala Bruner en su libro "La educación, puerta de la cultura" que sigue la orientación sociocultural de mediación instrumental (ver Triángulo de mediación vigostkyano): “la cultura da forma a la mente, que nos aporta la caja de herramientas a través de la cual construimos no sólo nuestros mundos sino nuestras propias concepciones de nosotros mismos y nuestros poderes”. ¿Pero qué pasa con la multitarea generada por Internet? ¿es posible?

La advertencia actual, por lo menos la que destaca Carr últimamente, está relacionada con la pérdida de concentración a merced de la actividad poliédrica con Internet, la multitarea. Dolors Reig, en “vigilar y castigar vs. máquinas de aprender” trata el tema y destaca que la multitarea, la atención simultánea a varias tareas a la vez, no es otra cosa que atención secuencial. Lo que hacemos al hablar de multitarea, como señala Christakis, es realmente oscilación entre actividades, no una capacidad simultánea para prestarle atención a todo a la vez ... eso no lo puede hacer la mente. 

¿Es negativo esto? Primero, el uso de Internet es una de las tantas formas mediacionales muy próximas a la generación actual; por ello no debe ser raro -o inquietante- plantear si influye en la mente, influye si, en operaciones concretas, en la creación de metafóras, en la elaboración de estrategías, etc... pero no altera la naturaleza estructural de la mente. Segundo, la mente de un nativo digital no es una mente multitarea, su atención central convive con atenciones secundarias si, ojo, estas tareas secundarias son mecánicas… prestar atención simultánea a dos tareas que requieren un nivel de atención alta no es posible, el cerebro prioriza y secuencia tareas. 

Pues bien, la mente con Internet se expone a nuevas tareas, pero no puede dar aquello que no tiene.
Imagen: miguel.itube (flickr)