Contrariamente a lo que se piensa y dice, Internet no es una biblioteca stricto sensu. Es común que muchos asocien a Internet, en virtud de su gran capacidad para almacenar -y distribuir- diverso tipo de información a escala mundial, con una gran biblioteca o, incluso algunos más entusiastas, como la “Gran Biblioteca”, la nueva Alejandría. No obstante existen diferencias entre un gran repositorio de datos, como puede ser Internet, y una fuente de información, como es una biblioteca. Ambos casos son formas diferentes de ordenar el contenido sociocultural y, como tal, ofrecen dos canales de acceso diferenciados; veamos.Aunque se pueden alegar "Diez razones por las que Internet no sustituirá a las bibliotecas tradicionales", nosotros queremos anotar únicamente dos respecto a la diferencia entre Internet y las bibliotecas. Primero, en torno a la validez y confiabilidad del contenido, ya que mucho de lo circula por la red no pasa por filtros adecuados que contrasten la calidad de lo que se publica así como tampoco tenemos certeza sobre la autenticidad de quien lo hace, es decir, no sabemos mucho de las fuentes de lo que se escribe ni de la los autores que lo hacen. Segundo, en torno a la indización, puesto que no todo está en la red y la mayor parte de la información relevante es de pago, no figura -o no tiene porque figurar como en China- en los archivos del “Gran Hub” o, simplemente, no existe buscador alguno que pueda revelarlo. En una biblioteca, no obstante, existen otros mecanismos y se actúa bajo mejores criterios con los que se reduce la incertidumbre que anotamos sobre Internet.
Sin embargo, si Internet no es una biblioteca, tampoco existe duda de que pueda albergarla. Tanto la educación presencial y virtual necesitan de recursos válidos, confiables e indexados que puedan proporcionar condiciones para el aprendizaje. Internet es un entorno favorable para generar estos espacios especializados de acceso a la información, es más, creemos que es una de las principales formas de añadir a Internet el tan reclamado componente educativo, eso sí, en materia de acceso a la información ya que la comunicación nos abre a otros planteamientos.
Al respecto es bueno anotar la existencia de dos buenos ejemplos de bibliotecas en Internet -o bibliotecas digitales- que ayudarán a mejorar la calidad de la información en la red, uno producto de la iniciativa de la UE y el otro alentado en España, pero ambas de orden global ya que se “alojan” en la red. La primera es Europeana, la Biblioteca Digital Europea, una biblioteca en línea cuyo piloto estará listo en noviembre y del que se espera seleccione lo mejor de la cultura en Europa, y la otra es la Biblioteca Escolar Digital, proyecto del Centro Internacional de Tecnologías Avanzadas (CITA) de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, que ha trabajado en una herramienta destinada a la comunidad educativa (profesores, alumnos y padres) para que compartan, utilicen, creen, difundan, evalúen y recomienden materiales educativos digitales de calidad, todo esto de forma pública, abierta y gratuita.
Ambos son dos formas bibliotecarias de pensar la red.






