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15 de febrero de 2025

Mitos EdTech


Esta es la historia de cómo la pedagogía, la psicología y la sociología se mimetizan en un empeño: esclarecer la narrativa inexacta, falaz, dominante o exagerada sobre el poder de la tecnología en educación.

No es un empeño solo académico, ya que los imaginarios pedagógicos, donde también habitan los mitos EdTech, tienen un impacto real en la educación, ya que nuestras creencias influyen en las decisiones a todo nivel, desde el aula hasta la política educativa. Pero tampoco es un empeño neoludita por negar la tecnología; se trata más bien de entenderla mejor, problematizarla, para que su uso sea realmente significativo en la construcción del proyecto humano: la educación. Esto es, además de tecnologías emergentes, necesitamos conceptos pedagógicos emergentes que nos permitan ser exigentes cuando se hable de educación. Creemos que los mitos EdTech van por esa línea.

Con esa vocación nace “Mitos EdTech”, editado por la UOC. Para ello, Juliana, Pablo y yo hemos trabajado de forma crítica, iterativa y entrañable desde un feliz noviembre de 2020 sobre este núcleo: los mitos en la educación con tecnología. Esta dinámica nos ha permitido madurar un primer trabajo, EdTech Myths: Towards a Critical Digital Educational Agenda, pero sentíamos que el tema daba para mucho más y para muchos más. Así que decidimos, inspirados por haber encontrado un hilo conductor para el debate educativo, invitar a otras manos, y las encontramos. Gracias a los 16 docentes e investigadores de distintas disciplinas por dedicarse a trabajar cada mito; gracias a ellas y ellos, este libro es una realidad.

Esta polifonía coral y global se organiza así:  

Cap. I. Mito de la causalidad. Aporías entre los requisitos técnicos y las aspiraciones pedagógicas de la inteligencia artificial en la educación.

María Ranieri

Cap.  II. Mito de la homogeneidad digital. En busca de la equidad.

Cristóbal Cobo y Pablo Rivera-Vargas

Cap. III. Mito de la objetividad. Deconstruyendo un trío problemático: evidencia, métricas y tecnología.

Manuel Area Moreira, Juliana Elisa Raffaghelli y Jordi Adell Segura

Cap.  IV. Mito de la inmaterialidad. Abrir el foco sobre el imaginario educativo de la virtualidad.

Cristóbal Suárez-Guerrero, Inés Dussel y Julio-César Mateus

Cap.  V. Mito de la gratuidad. Las plataformas educativas y el mito de la tecnología educativa gratuita.

Ben Williamson

Cap.  VI. Mito de la inteligencia. Más allá de una educación de silicio.

Francisco José García-Peñalvo

Cap.  VII. El mito de la educación abierta. Abriendo caminos para una educación más justa.

Caroline Kuhn

Cap.  VIII. Mito de la emancipación. ¿Es la tecnología un dispositivo liberador del tiempo y del espacio?

Marina Garcés Mascareñas y Gustavo Herrera Urízar

Cap.  IX. Mito de la justicia social. Tecnología digital, educación y justicia social: ¿una relación mecánica?

Judith Jacovkis y Aina Tarabini

Cap.  X. Mitos EdTech como objeto de estudio de la pedagogía digital crítica

Cristóbal Suárez-Guerrero, Juliana Elisa Raffaghelli y Pablo Rivera-Vargas

También debo agradecer a Albert Sangrà y al equipo editorial de la UOC (no es la primera vez que nos embarcamos en un proyecto) por su dedicación y apertura. Además, personalmente, tengo que señalar que idear, desarrollar y valorar este libro fue para mí, lo que Vygotsky decía: una zona -exquisita y estimulante- de desarrollo próximo, porque aprendí mucho de mis pares. Gracias, Juliana, y gracias, Pablo.

Bueno, grosso modo, este libro busca ser un recurso conceptual de la pedagogía digital crítica que abre una línea de análisis, investigación y debate sobre los mitos ETech.

3 de julio de 2024

Inteligencia Artificial como metáfora en educación

 

La Inteligencia Artificial (IA) no solo es una herramienta potente que la sociedad acaba de entronizar, sino que es además un filtro conceptual que media nuestra relación con el mundo, las personas y con nosotros mismos. La educación no es ajena a este devenir y junto a la importante función didáctica que se le pueda adjudicar para renovar, si cabe, los procesos de enseñanza y aprendizaje, es preciso reflexionar sobre qué aporta la dimensión simbólica –no tecnológica- de la IA. Aquí se propone examinar la IA como metáfora para entender y atender la educación.

Hablar de las metáforas en un trabajo sobre la IA, puede parecer un punto de vista “inútil” si se compara con la gran versatilidad, y la cada vez  más prolija, gama de soluciones tecnológicas basadas en IA. Pero, desde la teoría sociocultural, es preciso recalcar que la tecnología instrumentaliza la mente aportado una caja de herramientas simbólicas para pensar con una forma de hacer, y este proceso, como se acaba de revelar no es reciente y se calcula que empezó hace más tres millones  de años; lo propio de la humano es transformar y ser trasformado con tecnología. La IA es un estadio  más de la historia del desarrollo  humano, ¿pero qué aporta la IA en esa instrumentalización de la mente? Sin duda, enumerar lo que puede hacer la IA puede resultar amplio, pero aquí hace falta pensar sobre lo educativamente posible desde esa función tecnológica “inteligente”. Para eses fin puede servir las metáforas.

Cada herramienta, como la IA, es una  invitación a hacer algo (affordance). No se trata solo de dar una acción hacia afuera, sino también de otra acción hacia dentro ya que, en una transacción entre mente e IA, no habría una relación unidireccional y cabe hablar de efectos de carácter estratégico, como la creación de metáforas. Es común emplear metáforas de base tecnológica en la vida diaria, por ejemplo, el corazón como motor o la mente como ordenador. Pero, lejos de ser recursos líricos, las metáforas tecnológicas, incluida la IA, suponen puntos de apoyo simbólicos para “capturar” la complejidad desde un sistema de acción tecnológico.

Las metáforas, esos recursos del lenguaje que se usan para dar sentido a hechos y procesos complejos a través de conceptos concretos, reconfiguran la realidad. Los propios creadores de tecnología echan mano para “alumbrar” o  “esconder” hechos confusos en sus respectivas creaciones y, en el campo de la educación, hay trabajos muy solventes que dan cuenta del empleo de esta serie de recursos prestados de la tecnología. Por ejemplo, Weller, afirma que las metáforas EdTech merecen ser estudiadas ya que, además de proporcionar un punto de apoyo útil de comprensión, implican un desafío para el pensamiento original aportando una herramienta –simbólica- útil para ir más allá de la rutina hacia procesos más imaginativos y lúdicos. La IA, dada su complejidad, ya dispone de una serie de metáforas que van desde asistente o copiloto hasta loro estocástico o Shoggoth.

Pero, ¿qué metáforas presta la IA a la educación y el aprendizaje? La principal, desde que se acuñó el término “Inteligencia Artificial” en 1956, es el mismo concepto de inteligencia, tema denso, sin respuesta clara para los propios especialistas. Para Suzuki, el concepto de inteligencia, como el de aprendizaje, se han readaptado para describir la IA, hecho que ha generado un cambio semántico. Para Innerarity, “la inteligencia artificial tiene inteligencia refleja, no reflexiva”, es más, desde la visión de Morozov, la IA ni es inteligente ni es artificial. Estos, y otros cuestionamientos a la inteligencia de la IA, permitirían asumir que incluso la propia noción de inteligencia en la IA es una metáfora. Tomar literalmente lo “inteligente” de la IA puede provocar visiones, normalmente aupadas en la prensa y redes sociales, que no hacen otra cosa que estrechar la visión de lo humano a un conjunto, eso sí eficiente, de operaciones lógicas. Esta antropomorfización ocurre también cuando se dice que la IA sufre “alucinaciones” o “miente”. En realidad, no es así, el “percibir mal” o el “faltar a la verdad” son procesos de comprensión y conciencia que están muy distantes de sola reescritura de textos que puede generar, por ejemplo, ChatGPT. Ya que la inteligencia que simula y la inteligencia que comprende no son las mismas, es preciso cuidar esos recursos de lenguaje con que se cifran procesos que al final pueden llevar falsas expectativas, para mal o para bien. La metáfora de la inteligencia, mal atendida, puede llevar a equívocos entre la relación persona-máquina.

Pues bien, si la “inteligencia” de la IA es limitada y no puede ser tomada como literal, sino como una metáfora que permite una caja negra cargada de intrincados procesos matemáticos, ¿qué papel puede tener en la educación? La IA, como metáfora, puede tener un papel importante en la práctica que permitiría percibir, problematizar y dar valor -o no- a ciertos procesos educativos, que permiten repensar el aprendizaje con IA, por ejemplo, como personalización o como algortmización. De esta misma comprensión sobre el poder de la “inteligencia” de la IA también dependen los debates, o bien tecnooptimistas o tecnopesimistas. Pero, como apunta White, hay que estar atentos sobre dónde entronizamos la inteligencia de la IA. Si la IA se pone en la cumbre del pensamiento y el aprendizaje donde cabe la creatividad infinita de la inteligencia humana, o si esa misma IA se pone como apoyo de ese proceso sin fin. Poner la “inteligencia” de la IA como la cúspide infinita de la creatividad mermaría los intentos de desarrollo educativo que, siendo así orientados, no pasarían de ser simulaciones conocidas, creatividad sin novedad.

En general, además de estar atento, y mucho, a lo que puede hacer la IA, hay que estar atentos a lo que pensamos sobre ella, a nuestra narrativa sobre la IA que, dicho sea de paso, debe ser más exigente que la “inteligencia” de la IA. Las metáforas, junto a los mitos EdTech, son parte de ese ese mundo no-tecnológico de la IA que también forma parte de la visión educativa actual.

Fuente:

Suárez-Guerrero, C. (2024). Inteligencia Artificial como metáfora en educación. Dirección Y Liderazgo Educativo, DYLE, 22, 4-5.  

30 de junio de 2024

¿Qué esperar de la IA en educación?

 


La Inteligencia Artificial (IA) nos ocupa y preocupa cada vez más, está para quedarse, y ya que viene adquiriendo una presencia clave en el desarrollo personal y social, cabe examinar qué expectativa educativa estamos construyendo con IA, esto es, qué papel tiene la IA es nuestro imaginario tecnoeducativo. Progresivamente, todos los agentes educativos van formándose una idea sobre la IA que, salvando matices, se debaten entre el tecnoptimismo y el tecnopesimismo, nada novedoso, ya que es lo propio en la irrupción de una tecnología tan potente y opaca a la vez, cuya “caja negra” e interés comprometen a un selecto club que condicionan con mucha fuerza la sociedad actual, y futura. Pues bien, mientras se van desvelando las entrañas del sector de la IA y se aclaran –regulan- las reglas de juego, la IA forma parte del debate y la acción educativa. La IA como flamante integrante de nuestro imaginario tecnoeducativo nos dice a que prestarle –o no- atención al momento de educar.

Está claro que la IA se puede emplear para la enseñanza y el aprendizaje, sobre esto hay muchos interesantes intentos por definir habilidades, escenarios, actividades o herramientas. Pero, incluyendo lo anterior, la IA también nos ofrece unas gafas particulares desde donde interpretar y proyectar educación. No solo usamos tecnología, como la IA, sino que interpretamos la realidad desde discursos, marcas, símbolos, actitudes y conocimientos socialmente legitimados que sirven de matriz de cohesión e identidad a grupos, iniciativas o proyectos muy diversos. Todo este bagaje simbólico forma parte de la IA y, claro, también forma parte de la representación educativa con IA. ¿Qué lugar le adjudicamos a la IA en nuestra forma de representar la educación, la educabilidad, la escuela, el aprendizaje, la enseñanza, el currículo, las situaciones de aprendizaje, etc.? La respuesta supone identificar una narrativa sobre la IA, que en el caso de la educación señala, o debería señalar, el lugar que tiene el ser humano.

La idea aquí es hurgar sobre qué papel le damos a la IA en nuestras prioridades educativas, en nuestro imaginario tecnoeducativo.“Menos tiempo para planificar y más para enseñar: así es la IA que facilita la labor de los docentes”, “La empatía, la atención, la verdadera comunicación y el contacto humano nos convierten en irreemplazables”, “Los seis casos de uso de la IA en las aulas que cambiarán la educación durante 2024” o “La IA pone en jaque a la escuela: los padres dudan de ella, pero la usan para ayudar a sus hijos” son ejemplos a la mano, hay muchos, de las narrativas educativas sobre la IA. Todas suponen una visión del papel de la IA en la educación.

Por poner dos casos. No es lo mismo encarar la educación asumiendo que el aprendizaje es una especie de acto reflejo de la tecnología, o que la IA degradará las funciones creativas del estudiantado que la use con frecuencia. El problema de este tipo de narrativas es que ven a la IA en educación como el único factor, la causa detonante, la “bala de plata”, que puede ser capaz de lo mejor o lo peor. La base de este “abuso” conceptual es suponer el determinismo tecnológico. 

Pero siendo más concreto, y admitiendo una evolución de la taxonomía de Bloom en la era de la IA, no cabe duda que la IA se puede estimular habilidades como recordar, comprender, aplicar, analizar, evaluar y crear, pero la diferencia está en saber cuáles de esas habilidades son la cúspide de nuestras expectativas o cuales la base desde donde partir. Como señala White, al momento de representar el poder de la IA en educación hay que estar atentos sobre cómo entronizamos lo complejo del pensamiento, como la creatividad. En los modelos educativos, el aprendizaje de orden superior, como la creatividad, está ubicada en una estrecha cúspide de un triángulo.

Pues bien, ya que los triángulos, como el de la taxonomía de Bloom en la IA, se estrechan progresivamente hacia arriba dejando lo infinito y más amplio, como puede ser la creatividad humana, como un conciso corolario, la idea aquí es invertir la expectativa desde una estrecha base asociada a recordar y que vaya hacia la amplitud de la creatividad, pasando –no mecánicamente, claro- por comprender, aplicar, analizar o evaluar. Aunque se pueda señalar que el diagrama solo ofrece una idea y no es fielmente una ponderación de destrezas, lo que se quiere destacar es que, para bien o mal, implica una forma de hacer visibles nociones sobre lo que se puede esperar con IA en educación y, con ello, parte de su narrativa. El propio White se pregunta ¿qué pasaría si la creatividad no fuera un fragmento finito y puntiagudo, sino un punto de partida hacia un espacio que, por su propia naturaleza, no puede tener límites sino que se abre a posibilidades desconocidas?

No es lo mismo concebir la IA como aliada de lo infinito y como respuesta creativa acabada. El tema, de fondo, es confundir creatividad con las respuestas generadas por IA. La expectativa de creatividad, y otros procesos, como la generación de metáforas o dilemas son productos humanos que no tienen que ver con las respuestas conocidas sin novedad de la IA, pero estos productos de IA pueden ser sus puntos de partida. Por ello, habría que invertir el triángulo, dando más amplitud y atención a la creatividad humana que, apoyándose en los productos de la IA, pueda abrirse a respuesta inéditas. Además, con esta expectativa de amplitud de la creatividad humana, se podría mitigar el miedo acumulado sobre la IA en educación ya que podríamos enfocarnos en ver que por más “inteligente” que sea la IA, ésta sigue siendo una respuesta refleja no reflexiva… esto es, “la IA no sabrá pensar por ti”.

Pues bien, en nuestras narrativas educativas sobre IA vale la pena ampliar la expectativa de la creatividad humana como cúspide.


11 de julio de 2023

Cuando la tecnología no es suficiente

Fuente:

Suárez-Guerrero. C. (2023). Cuando la tecnología no es suficiente en A. Escofet, A. Ayuste, E. Noguera, M. Paya y T. Romañá (eds.), Begoña Gros Salvat. Aprenentatge, tecnologies i educació (Homenatges; 61, pp. 153-175). Edicions de la Universitat de Barcelona. https://diposit.ub.edu/dspace/handle/2445/200362

 

Cuando la tecnología no es suficiente

Cristóbal Suárez-Guerrero

Universidad de Valencia

cristobal.suarez@uv.es


Hace mucho, entre quienes estaban interesados en la relación educación-tecnología, era poco común no saber de la existencia del libro titulado Aprender mediante el ordenador. Posibilidades pedagógicas de la informática en la escuela que Begoña Gros escribió, nada más y nada menos, hace ya treinta y cinco años, cuando hablar de ello era una quimera, en el mejor de los casos, y un sacrile- gio, en el peor. Pero ahí estaba ella. Gracias a ese libro pude saber de Begoña, de su escritura diáfana, a veces lacónica pero siempre sustanciosa, sobre los encuadres pedagógicos que requiere la educación medida con tecnología. Pude aprender más de su enfoque a través del resto de sus publicaciones, sin duda, pero asistí a sus clases dentro del Programa de Doctorado «Procesos de For- mación en Espacios Virtuales» que, a inicios de este siglo, impulsó Joaquín García Carrasco en la Universidad de Salamanca, cuando pocos creían en la virtualidad como entorno educativo. Tenía noticia de Begoña, de su trabajo, sí; pero la conocí cuando llegó a clase precedida de su fama y de una gran sonrisa.

Para quien venía desde Perú, donde ser doctor normalmente supone un estatus adusto, me pareció insólito, a la vez que fascinante y tranquilizador, saber que se puede teorizar tan refinadamente sin perder la sonrisa. La cali- dez de una sonrisa y el tono de voz son gestos docentes que hacen mucho, pero con el tiempo entendí, y esto es propio en Begoña, que la sonrisa es un gesto de gratitud ante la vida. Desde esa gratitud percibes la realidad y puedes construir muchas cosas, como teorías y estudiantes agradecidos (tal es mi caso).

Luego de años de hincar el codo, Begoña no faltó en mi tesis doctoral ni en fondo ni forma. En fondo, porque profundizar sobre cómo se trasforma el aprendizaje cooperativo cuando es asíncrono y textual implicaba revisar sus trabajos conceptuales y empíricos que formaron parte del marco teórico. Pero tampoco faltó al acto de defensa de mi tesis, del que todavía conservo anotaciones válidas.

A partir de ahí, como es natural, nos vimos en congresos, seminarios y demás encuentros siempre en torno a lo que ambos creíamos necesario hacer en educación y tecnología: construir pedagogía. El primer paso, tímido aún, fue en el año 2013, cuando encaramos el reto común de escribir Aprender en red. De la interacción a la colaboración (Suárez-Guerrero y Gros Salvat, 2013), que recuperaba la necesidad de pensar lo social como condición de educabilidad en la red. Pero esto no quedó aquí, había algo que faltaba desentrañar.

Fruto de más conversaciones, lecturas comunes y trabajos de investigación nació la duda: ¿existe una pedagogía red? No esa pedagogía anclada en una única variable tecnológica, sino una pedagogía —que no solo didáctica— que problematice esa variable para hacerla significativa al proyecto humano de la educación. Siempre fue común la preocupación por ir más allá del consumo instrumental de la tecnología en educación, a la búsqueda del significado educativo de su uso. Y siempre fue común la idea de que la pedagogía, cada vez más interdisciplinar, podría aportar algo necesario que no estaba en los manuales tecnológicos. ¿Por qué no? Así nació la colaboración: Pedagogía red.

Una educación para tiempos de internet (Gros Salvat y Suárez-Guerrero, 2016). En este libro están presentes dos encuadres: por un lado, la actitud y la convicción de que la pedagogía, al ser teoría de la educación, tiene la tarea de aportar respuestas, pero también de formular interrogantes que permitan ir más allá de la tecnología; por otro lado, la idea de que cualquier proyecto educativo en internet entraña una estructura de acción y pensamiento anclada en un proyecto comunicativo reticular, la red.

Pues bien, en Pedagogía red nos permitimos dudar junto a otros y atender preguntas simples —que, sin duda, son las más complejas de responder—, así como atisbar algunas respuestas en torno a cuestiones tales como: «¿Por qué aprender en red?» (de Javier Onrubia), «¿Qué aprender en la red?» (de Julio Cabero y María del Carmen Llorente), «¿Cómo aprender en red?» (de Begoña Gros y Xavier Mas), «¿Con qué aprender en red?» (de Ismael Peña), «¿Con quién aprender?» (de Cristóbal Suárez y Paola Ricaurte), «¿Dónde aprender en internet?» (de Francesc Llorens), «¿Cuándo aprender en red?» (de Diego Levis) y «¿Cómo valorar lo que se aprende en la red?» (de Elena Barberà).

Esta preocupación se amplió con un monográfico que Begoña Gros, Terry Anderson y yo coordinamos para la revista International Journal of Educational in Higher Education, titulado «The Internet and Online Pedagogy Editorial» (Gros Salvat, Suárez-Guerrero y Anderson, 2016). Aquí, además de destacar la complejidad y la necesidad de caracterizar los retos que tiene la pedagogía respecto al desarrollo tecnológico, nos preguntábamos lo siguiente: ¿por qué hablar solo de internet en la educación, cuando se puede hablar de una pedagogía? Hoy día, esa tarea de construir pedagogía sobre la tecnología en educación sigue en pie.

La tarea de problematización, esclarecimiento e investigación pedagógica que requiere el hecho tecnológico en educación es más intensa (Meirieu, 2021), ya que se ha reforzado de forma inexorable y global a raíz de la pandemia de la COVID-19; es más, se vislumbran dimensiones que cambiarán la noción de educar con tecnología en la era pospandemia (Selwyn, 2020). En este marco, la noción de aprendizaje red, que goza de un fuerte sustento teórico, se configura como un objeto de estudio que, según el trabajo de la Networked Learning Editorial Collective (NLEC, 2021), se caracteriza por la interrelación de tres fenómenos: las relaciones humanas interpersonales; la tecnología digital, especialmente, y la participación colaborativa. La red —y lo que sucede en ella al aprender en la educación formal, no formal e informal— es un tema complejo, abierto y básico para prefigurar, junto a otras variables, el reto educativo en la actualidad.

Por otro lado, y que no falte, hay cada vez más conciencia de que la tecnología sin pedagogía no funciona y de que hace falta volver, una y otra vez, a la actitud que Freire ya visionaba como angular en el desarrollo educativo y sobre la educación: la pedagogía problematizadora. Una pedagogía que problematice la tecnología es sustancial para abrir puentes al diálogo, la investigación y el desarrollo social (Freire y Faundez, 2013), algo que Begoña sigue poniendo en práctica a través de sus trabajos (Gros Salvat et al., 2020).

Existe la convicción de que todavía quedan preguntas por desburocratizar en la relación entre educación y tecnología (véase al respecto: Suárez-Guerrero, Rivera-Vargas y Rebour, 2020): ¿son suficientes los métodos de investigación educativa actuales para aprehender la complejidad del tejido socioeducativo en red? ¿Cuál es el papel de la tecnología digital en la representación actual del conocimiento y la verdad? ¿Existen tecnologías hegemónicas en cuanto que constructoras de modos hegemónicos de comprender el mundo? ¿Cómo se instrumentaliza la mente con la tecnología digital? ¿Cómo pensar la sociedad desescolarizada en tiempos de conectividad y pandemia? ¿Es la eficacia de la enseñanza la finalidad del uso educativo de la tecnología?

Además de dar soporte a la información, ¿cuál es el mensaje de la tecnología? ¿Cuál es el cambio cultural que impone el uso de recursos educativos abiertos en la educación formal? En un mundo mediado, ¿somos realmente curadores de contenidos o vivimos en cámaras de eco? ¿Conocemos o confirmamos? ¿Cómo configuran y qué peso tienen los algoritmos en la construcción de nociones de enseñanza y aprendizaje? ¿De qué forma la heterogeneidad de soportes y soluciones tecnológicas dificulta el trabajo educativo? ¿Más es menos? ¿Qué se pierde cuando alguien aprende virtualmente en todo momento y desde cualquier lugar? ¿Qué posibilidades y límites tienen las analíticas en la evaluación del aprendizaje, en la evaluación docente y en la evaluación de la gestión educativa? ¿La dataficación en el aprendizaje es la nueva versión mejorada de la «evaluación como medición»? ¿Cuáles son los márgenes éticos en la toma de decisiones evaluativas apoyadas por tecnologías como el big data?

Queda claro, pues, que la vocación pedagógica por entender y atender la tecnología digital desde una visión más amplia, compleja y crítica no llegó por casualidad. Se trata, como dice Freire (Freire y Faundez, 2013, 72), de «vivir la pregunta, vivir la indagación, vivir la curiosidad y demostrárselo a los estudiantes. El problema que se plantea el profesor es ir creando en ellos, y en la práctica, el hábito de preguntar, de “admirarse”». Y esto es lo que pasó, en ese viaje que emprendí hace mucho desde Salamanca y en el que tuve la suerte de aprender de una de las mejores. Gracias, Begoña.

Referencias

Freire, P.; Faundez, A. (2013). Por una pedagogía de la pregunta. Crítica a una educación basada en respuestas a preguntas inexistentes. Buenos Aires: Siglo XXI.

Gros Salvat, B. et al. (2020). «Cuatro décadas de políticas para integrar las tecnolo- gías digitales en el aula en Cataluña: acciones, logros y fracasos». Digital Educa- tion Review, núm. 37, págs. 79-95.

Gros Salvat, B.; Suárez-Guerrero, C. (eds.) (2016). Pedagogía red. Una educación para tiempos de internet. Barcelona: Octaedro; ICE-UB.

Gros Salvat, B.; Suárez-Guerrero, C.; Anderson, T. (2016). «The Internet and On- line Pedagogy Editorial». International Journal of Educational Technology in Higher Education, vol. 13, art. núm. 38. https://doi.org/10.1186/s41239-016-0037-7.

Meirieu, P. (2021). «El futuro de la Pedagogía». Teoría de la Educación. Revista Interu- niversitaria, vol. 34, núm. 1, págs. 69-81. https://doi.org/10.14201/teri.27128

Networked Learning Editorial Collective (NLEC) (2021). «Networked Lear- ning: Inviting Redefinition». Postdigital Science and Education, vol. 3, págs. 312-325. https://doi.org/10.1007/s42438-020-00167-8.

Selwyn, N. (2020). «Digital Education in the Aftermath of COVID-19: Critical Con- cerns and Hopes». Techlash, núm. 1, págs. 6-10. http://der.monash.edu.au/lnm/ wp-content/uploads/2020/06/TECHLASH-01-COVID-education.pdf.

Suárez-Guerrero, C; Gros Salvat, B. (2013). Aprender en red. De la interacción a la colaboración. Barcelona: UOC.

Suárez-Guerrero, C.; Rivera-Vargas, P.; Rebour, M. (2020). «Preguntas educativas para la tecnología digital como respuesta». EDUTEC. Revista Electrónica de Tecno- logía Educativa, núm. 73, págs. 7-22. https://doi.org/10.21556/edutec.2020.73.1733


6 de junio de 2023

El reto de la pedagogía digital

Fuente: Suárez-Guerrero, C. (2023). El reto de la pedagogía digital, Cuadernos de Pedagogía, Nº 542, 9-13.

Cristóbal Suarez-Guerrero

Departamento de Didáctica y Organización Escolar

Universitat de València

cristobal.suarez@uv.es

 

¿A qué le prestamos atención cuando hablamos de pedagogía digital? La respuesta, lejos de ser un problema nominal, singulariza una forma de entender la relación entre educación y tecnología. Este trabajo recupera el sentido amplio de la pedagogía que, sin dejar su dimensión didáctica, toma lo digital como un objeto complejo, lleno de oportunidades, pero también de dilemas. En esta pedagogía digital no solo caben aplicaciones, sino también una visión crítica, pero no paralizante, que permita evaluar y hacer significativa la tecnología al proyecto humano que lo justifica, la educación.

Praxis educativa. Enseñanza. Aprendizaje. Didáctica. Conocimiento. Tecnología. Aula. Docentes.

What do we focus on when we talk about digital pedagogy? The answer, far from being a nominal problem, singles out a way of understanding the relationship between education and technology. This work recovers the broad sense of pedagogy that, without leaving its didactic dimension, takes the digital as a complex object, full of opportunities, but also of dilemmas. In this digital pedagogy there is room not only for applications, but also for a critical, but not paralyzing, vision that allows us to evaluate and make technology meaningful to the human project that justifies it, education.

 

Educational praxis. Teaching. Learning. Didactics. Knowledge. Technology. Classroom. Teachers.

 

Ancient greek man with a wax tablet. 
Excerpt from Painting by Douris (about 500 BC). Berlin, Staatliche Museen. 
Author: Pottery Fan. CC-BY.

¿A qué le prestamos atención cuando hablamos de pedagogía digital? En la prensa es común encontrar sugerentes titulares como «los nuevos retos de la pedagogía digital», «el educador ante la pedagogía digital», «el nuevo ciclo escolar en era de "pedagogía digital"», «¿está lista la pedagogía digital?» o «la pedagogía digital, un tema emergente en la formación de profesores». El avance que veo es que ya no solo se trata solo de educar + TIC, sino de pedagogía, pero ¿qué es pedagogía digital?

El interrogante, lejos de ser un devaneo académico, tiene importancia porque delimitar nuestros conceptos nos ofrece una perspectiva singular del mundo. Sobre los supuestos de qué es pedagogía digital se construyen los límites y las posibilidades de la tecnología tanto en la teoría, la práctica y la praxis educativa. La pedagogía digital no tiene la utilidad de una sofisticada app, qué duda cabe, pero no hay desarrollo educativo sin discurso, enfoque, problematización o saber pedagógico (Lewin & Lundie, 2016).

No obstante, el primer paso al hablar de pedagogía digital es la cuestión pedagógica, ¿qué es? La propia definición de pedagogía reviste una gran complejidad y se caracteriza como un problema teórico, nada sencillo, que tiene un espacio de reflexión propio (Díaz-Soler, 2020). Aquí un apretado esbozo. Por un lado, es preciso saber si la pedagogía es ciencia, técnica, disciplina, discurso, arte o enfoque y, por otro, saber si se circunscribe a proponer métodos de enseñanza y aprendizaje —concepción con la que normalmente se entiende «peragogy» en lengua inglesa (Watkins & Mortimore, 1999)—, o se encarga de las grandes visiones —y utopías— con que se conciben las formas en comprender, vivir y construir la escuela (Carbonell, 2016), o busca esclarecer preguntas antropológico-filosóficas, ético-políticas que dan sentido a lo educativo (Higgins, 2021) o, si se centra en la consecución de la formación integral de las personas (Pallarès y Chiva, 2017). Como la idea de pedagogía no es estática la tarea de definirla, además de ser compleja, es un trabajo permanente.

Ahora bien, cuando a la palabra pedagogía le añadimos un «apellido», la dificultad por saber qué es pedagogía se enmaraña. Se puede hablar de «pedagogía inglesa», «pedagogía Montessori» o «pedagogía cultural», «pedagogía social», pero también de «pedagogía de las cosas», «pedagogía por objetivos», «pedagogía de la pregunta», «pedagogía abierta», «pedagogía inclusiva» o incluso de una antipedagogía, que entiende la pedagogía como un saber «proscrito» muy demandada en las redes sociales. Dicho esto, cuando se habla de educación y tecnología digital, no sólo cabe hablar de pedagogía digital, sino también de otros términos que pueden entrar en ese campo como pedagogía online, pedagogía virtual, pedagogía edtech, pedagogía 2.0, etc.

Concepto de pedagogía digital

No obstante, si se trata de ir sólo al concepto de pedagogía digital, existe la tendencia muy amplia, consciente o no, de reconocer a la pedagogía digital como el saber práctico para ser usado junto a la tecnología digital en los procesos de enseñanza y aprendizaje, es decir, pedagogía digital como práctica pedagógica (Heitink, et al., 2016). Sin embargo, junto a este sentido ampliamente aceptado, hay otras formas. La pedagogía digital puede entenderse también como el marco que permite empoderar a los usuarios digitales a través de una lente de la justicia social (Jeremic, 2021), un saber que busca relacionar los modelos interdisciplinares de creación en el arte con tecnología (Shiau, 2020), un modelo tridimensional basado en orientaciones, prácticas y competencias digitales que posibilitan el uso de la tecnología en la enseñanza (Väätäjä & Ruokamo, 2021), el conocimiento que permite el diseño de tecnologías educativas de acuerdo con principios éticos y formas de propiedad de bien común (Lazarus, 2019), un enfoque de la enseñanza y el aprendizaje que debe permitir el uso —o no— de la tecnología desde una mirada crítica (Stommel, 2014), un saber equiparable al conocimiento técnico pedagógico del contenido (TPCK) Makokotlela (2020) o, incluso, hay quienes que como Fyfe (2011) se plantean si es posible hablar de una pedagogía digital sin tecnología. Se trata de un Torre de Babel.

Pues bien, con excepción de la pedagogía digital crítica, la mayor parte de las definiciones sobre pedagogía digital la caracterizan como un saber práctico que permite conectar las oportunidades tecnológicas con el aprendizaje en contextos de enseñanza. No digo que esta finalidad esté mal, lo que digo es que esta idea de pedagogía puede ser insuficiente tanto por la naturaleza de la educación como por la acción social de la complejidad que entraña lo digital hoy en día.

La pedagogía digital, como sinónimo de conocimiento asociado nítidamente a la búsqueda de la mejora de la enseñanza y el aprendizaje, implica didáctica. Pero el tema didáctico, al que por ningún motivo se debe restar valor, forma parte de una perspectiva pedagógica (Meirieu, 2021). La didáctica, como el currículo, la evaluación o la tecnología, requieren de unos posicionamientos pedagógicos claves para entender la novedad tecnológica en educación (Brailovsky, 2018) y es por ello, a fin de cuentas, que uno de los retos de la educación y la tecnología sea construir esa pedagogía (Williamson et al., 2020).

La educación, como la escuela y el aprendizaje, no se sostienen en una única variable por más sofisticada sea. La educación remota de emergencia dejó claro que era imposible cifrar las esperanzas educativas en una única variable mágica, esta experiencia global mostró que la tecnología fue una salida, no la solución, y que no funciona sola. Pues bien, ya que la tecnología digital es necesaria pero no suficiente, además no es simple, no es sólo técnicamente más compleja, no neutral y aséptica, sino que cada vez es más omnipresente, más opaca y dependemos más de ella. El tema tecnológico en educación, como en la sociedad, no admite únicamente un debate técnico, ni mucho menos, sino también un debate crítico y una mirada contextual más profunda que permita analizar sus grandes oportunidades, también sus dilemas y mitos en la construcción del aprendizaje, así como de la propia humanidad mediada por la tecnología. Es por ello que se requiere una pedagogía digital que intente remontar tanto el maniqueísmo, el consumismo, la neutralidad, el tecnocentrismo, el determinismo o el solucionismo tecnológico apostando por una mirada profunda, interdisciplinar y ética que nos recuerde siempre que lo digital va detrás del proyecto más humanizador que lo justifica, la educación.

Marco pedagógico

Para ese fin es necesario un marco pedagógico, un paraguas conceptual, que busque analizar la educación —y con ello también la enseñanza y el aprendizaje— tomando como perspectiva el análisis del contexto, sus condicionantes ideológicos, el imperativo ético, la investigación interdisciplinar, los desarrollos tecnológicos y todo lo que pueda servir de soporte o fondo para atender la educación en sus múltiples dimensiones. Al final, como señalan Ornellas & Sancho (2015), tras analizar tres décadas de relación educación y tecnología, es sobre las creencias y los puntos de vista pedagógicos sobre la tecnología que construimos en las aulas —o fuera de ellas— una idea educativa.

Pero, una pedagogía digital no es una pedagogía sin tradición pedagógica, un invento de la digitalización, sino un desarrollo que avanza desde una tradición previa; tampoco se trata únicamente de encontrar la mejor herramienta digital para potenciar la enseñanza y el aprendizaje o la gestión educativa, aunque resulte muy importante para esas actividades; menos aún de sostener una pedagogía nacida única y exclusivamente para pensar y hacer educación desde lo digital como fetiche o única salida. Hablando en plata, una pedagogía digital no es sólo reglas para un martillo que busca un buen clavo, no consiste sólo en prestarle atención al árbol sino entender el bosque y no se desarrolla para estar enamorada de su ombligo.

La pedagogía digital podría, por lo menos, atender tres vértices que nutren la praxis educativa. Tomando como base a Meirieu (2020), cuando habla de los tres elementos de la instancia pedagógica; los fines educativos, el conocimiento sobre la educación y los valores que regulan las instituciones, las herramientas y los métodos, se puede hacer una aproximación. Propongo una pedagogía digital no para enrocarse en lo digital como la opción ineludible, sino para examinar su presencia, su sentido y su impacto en la educación, sólo así lo digital puede contribuir a un proyecto humano como la educación y ser significativa —tener sentido— más allá de su sola aplicación.

El sentido de lo digital en la educación

Para analizar y proponer el sentido de lo digital es necesario hacer un examen de las finalidades educativas, desde el examen de los conocimientos interdisciplinares existentes sobre la educación y lo digital, a partir de un estudio permanente de los valores que nunca deben de abandonarse cuando se habla de educación y desarrollo personal y social. Este saber no solo sería útil, sino necesario para la didáctica, para responder a la pregunta ¿cómo educar con tecnología?

Por tanto, una pedagogía digital así requiere abrir el foco y centrarse en acciones que, sin dejar de influir o llegar al ámbito de la enseñanza y el aprendizaje —es donde deben de llegar—, tomen lo digital como algo más complejo: no como un problema, sino como un objeto problemático de análisis, como señala Selwyn (2016). Desde esta visión de la pedagogía digital —de fuerte valor para la praxis educativa—, se podría prestar atención a, por ejemplo, los siguientes puntos: pensar en las grandes oportunidades de aprendizaje que estimula el uso de la tecnología, sí, pero también pensar en las desigualdades sociales que imprime; desarrollar habilidades para gestionar la información y el conocimiento en red, claro, pero también reflexionar sobre el poder y el sesgo de las tecnologías del conocimiento en el propio conocimiento; reflexionar sobre la escuela y la tecnología, sin duda, pero además sobre la propia educación de la atención en un mundo pantallizado; examinar las grandes posibilidades que tiene la relación persona-máquina en el aprendizaje, por su puesto, pero también estar atentos a sus dilemas éticos; examinar las nuevas interfaces del aprendizaje, no hay duda, pero también pensar en los fenómenos como la plataformazion o la dataficacion de la experiencia educativa; valorar las nuevas aplicaciones que ofrecen nuevas formas de hacer algo, pero también atender a las metáforas de trabajo que nos prestan; hacer posible el acceso a recursos educativos abiertos, claro, pero también estimular el debate sobre la educabilidad digital; potenciar el aula como tecnología, es posible, pero también comprender el ecosistema digital; comprender el impacto de los artefactos tecnológicos en el aprendizaje, pero al mismo tiempo examinar el poder de las tecnológicas en nuestra democracia y en la educación ciudadana; conocer cómo influyen las teorías del aprendizaje para usar con tecnología, pero también entender y estudiar el papel de las creencias educativas digitales; prestar atención a las nuevos proyectos tecnológicos globales, así como a los grandes mitos y expectativas con que son puestos en escena y, cómo no, valorar los nuevos desarrollos sobre inteligencia artificial, pero también valorar el rol de nuestra propia inteligencia. A toda esta capa simbólica le llamo lectura pedagógica de la tecnología digital, pedagogía digital.

¿La visión pedagógica, así planteada, sobre la tecnología digital influye en el uso didáctico? Hay trabajos que señalan que esta capa simbólica de representación, como puede ser entendida la pedagogía, cumple un papel significativo en la representación de la tecnología en la enseñanza (Blau et al., 2018) y que estas ideas educativas sobre lo digital, lejos de ser sólo instrumentales, forman marcos epistemológicos y ontológicos que permiten teorizar y actuar sobre cómo se aprende y enseña (Pangrazio y Sefton-Green, 2021). Es decir, todo lo que hace un/a maestro/a con tecnología para influir en el aprendizaje de sus alumnos requiere de saberes didácticos específicos, saberes donde bullen visiones pedagógicas de lo digital que deben ser visibilizadas, analizadas y siempre puestas como hipótesis de trabajo. Por ello, ya que adjetivar la pedagogía como digital no sólo impone adhesión, sino interrogación (Suárez-Guerrero et al., 2020), este encuadre simbólico está compuesto de preguntas y respuestas sobre para qué, por qué, qué, cuándo, con quién, cómo o con qué educar en un entorno en red.

En general, lo que busco es realzar una pedagogía como una reflexión que nos exija, a docentes, gestores o investigadores, una comprensión de lo digital de forma holista, crítica, interdisciplinar, política, ética y humana que dé soporte al trabajo didáctico en torno a la enseñanza y el aprendizaje con tecnología. La tarea de la pedagogía es examinar atentamente la tecnología digital como parte de una complejidad mayor que implica la educabilidad del ser humano.

Referencias

Blau, I., Grinberg, R., & Shamir-Inbal, T. (2018). Pedagogical perspectives and practices reflected in metaphors of learning and digital learning of ICT leaders. Computers in the Schools35(1), 32-48.

Brailovsky, D. (2018). Lo nuevo y lo tradicional en educación: una oposición engañosa. Revista Senderos Pedagógicos9(9), 161-178. https://doi.org/10.53995/sp.v9i9.963

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Shiau, H. C. (2020). Performing Chineseness, Translated histories: Taiwanese cartoonist Chen Uen’s ink-brush comic aesthetics and digital pedagogy. Critical Arts34(5), 55-71.

Stommel, J. (17 november 2014). Critical Digital Pedagogy: a Definition. Hybrid Pedagogy [online]. https://hybridpedagogy.org/critical-digital-pedagogy-definition/

Suárez-Guerrero, C., Rivera-Vargas, P., & Rebour, M. (2020). Preguntas educativas para la tecnología digital como respuesta. Edutec. Revista Electrónica De Tecnología Educativa (73), 7-22. https://doi.org/10.21556/edutec.2020.73.1733

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Williamson, B., Eynon, R. & Potter, J. (2020) Pandemic politics, pedagogies and practices: digital technologies and distance education during the coronavirus emergency, Learning, Media and Technology, 45:2, 107-114, DOI: 10.1080/17439884.2020.1761641

28 de septiembre de 2020

50 preguntas para desburocratizar la relación educación y tecnología

La sentencia de Paulo Freire es estimulante: "Cuando una pregunta pierde la capacidad de asombrar, se burocratiza". Aplicar este juicio al terreno de la educación y tecnología, lugar común que Pablo Rivera, Martin Rebour y yo compartíamos desde hace tiempo, fue la inspiración. Lo siguiente fue tender puentes entre el actual desarrollo y las posibilidades.

Producto de ese intento de desburocratización de las preguntas es el artículo que, con motivo del 25.ª aniversario de la asociación EDUTEC, acaba de publicar en Edutec-e, Revista Electrónica de Tecnología Educativa en el Núm. 73 (2020): NÚMERO ESPECIAL: Mirando al futuro de la Tecnología Educativa, Septiembre 2020.

Ha sido una estupenda experiencia de redescubrimiento de la mano de otros elaborar este trabajo, un proceso de codiseño (descubrimiento, ideación y prototipado) entre los tres.

El “objetivo fue explorar de forma interrogativa la relación entre educación y tecnología digital buscando caracterizar una serie de preguntas que exijan nuevas rutas de reflexión, trabajo e investigación más allá de la pregunta por el artefacto en el ámbito de la educación formal. Ya que se trata de caracterizar preguntas, su pretensión no es cerrar el foco analítico, sino buscar un punto de partida. La idea es aportar elementos de reflexión que permitan identificar futuros itinerarios, tensiones, paradojas, dilemas, problemas de investigación, etc.”. Ojalá se haya logrado.

Del artículo, que podéis acceder y descargar de forma libre, aquí se extraen solo las preguntas en los 5 ámbitos: epistemológico, finalidad, contenidos, didáctica y evaluación donde nos centramos, aunque hay muchas más preguntas y ámbitos temáticos por explorar que se han quedado en el tintero.

La referencia al trabajo es:

Suárez-Guerrero, C., Rivera-Vargas, P., & Rebour, M. (2020). Preguntas educativas para la tecnología digital como respuesta. Edutec. Revista Electrónica De Tecnología Educativa, (73), 7-22. https://doi.org/10.21556/edutec.2020.73.1733

Pero, aunque nos hayamos centrado en interrogantes, mantuvimos un supuesto: “una hipótesis, si cabe en un trabajo de esta naturaleza, es que las preguntas que aquí se generen permitirían cruzar el límite del reduccionismo de pensar la tecnología digital como artefacto inocuo, descontextualizado, neutral o simplemente eficaz”.

Con esta precisión y sabiendo que hay más detalles en el artículo, he aquí las 50 preguntas de este “mapa de preguntas edtech”:

Epistemológico

¿Es lo mismo hablar de educación y TIC, tecnología educativa y pedagogía digital?

¿Son suficientes los métodos de investigación educativa actuales para aprehender la complejidad del tejido socioeducativo en red?

¿Existen pedagogías digitales emergentes o solo nuevos conceptos tecnológicos en educación?

¿Existe consumo tecnológico en educación o apropiación pedagógica de la tecnología?

¿Es el e-learning la evolución digital de la tecnología educativa?

¿Cuál es el papel de la tecnología digital en la representación actual del conocimiento y la verdad?

¿Existen tecnologías hegemónicas en tanto constructoras de modos hegemónicos de comprender el mundo?

¿Cómo se instrumentaliza la mente con la tecnología digital?

¿Qué problemas educativos resuelve la tecnología digital, y qué otros problemas añaden? y ¿cuáles amplifica?

¿Es lo mismo hablar de tecnología educativa que de educación tecnológica?

Finalidad educativa

¿Por qué y para qué educar con tecnología?

¿Hay que buscar una finalidad educativa en las tecnologías digitales?

¿Cómo pensar sociedad desescolarizada en tiempos de conectividad y pandemia?

¿Transformar la educación desde la tecnología o trasformar la tecnología desde la necesidad educativa?

¿Cabe pensar la relación tecnología digital y educación como una alianza que genere equidad? 

¿La finalidad del desarrollo tecnológico en educación es generar una necesidad de consumo o de aprendizaje?

¿La motivación es un fin en sí mismo en la integración de tecnologías en la educación?

¿Es la eficacia de la enseñanza la finalidad del uso educativo de la tecnología?

¿Cuáles con los mecanismos de estandarización que impone la generación de la tecnología en la educación?

¿Es posible mejorar los aprendizajes a través del uso de tecnologías digitales?

¿Es imprescindible hoy en día educar con tecnologías digitales?

Contenido

¿Por qué “aprender con tecnología” es un contenido de aprendizaje en la sociedad actual?

¿Son los lenguajes de programación o el pensamiento computacional los nuevos lenguajes y formas de pensar los nuevos contenidos de aprendizaje?

Además de dar soporte a la información, ¿cuál es el mensaje de la tecnología?

¿Quién domina la generación y divulgación de los mensajes de la tecnología?

¿De qué manera operan las tecnologías en la jerarquización de los contenidos STEAM?

Además de los recursos educativos abiertos, ¿qué otras variables son necesarias considerar para hablar de una educación abierta?

¿Cuál es el cambio cultural que impone el uso de recursos educativos abiertos en la educación formal?

¿Cuál es el contrato que promueve el uso de contenidos digitales dentro y fuera la educación formal?

En un mundo mediado ¿somos realmente curadores de contenidos o vivimos en cámaras de eco? ¿Conocemos o confirmamos?

¿Es posible crear contenido educativo con las tecnologías digitales?

Didáctica

¿Es suficiente la producción y construcción actual del campo pedagógico para la construcción de una didáctica de la enseñanza mediada con tecnologías? Si no basta, ¿a qué otras disciplinas se deben recurrir para pensar en un desarrollo inédito de la didáctica con tecnología?

¿Qué diferencias didácticas generar enseñar en red, como red y para la red?

¿Cómo configura y qué peso tiene los algoritmos en la construcción de nociones de enseñanza y aprendizaje?

Educar orientado por un algoritmo ¿permite aprender algo nuevo o reforzar lo que ya se tiene?

¿De qué forma la heterogeneidad de soportes y soluciones tecnológicas dificulta el trabajo educativo? ¿Más es menos?

¿La didáctica orienta la tecnología digital o es la tecnología digital la que direcciona la didáctica?

¿Transformar la interacción didáctica desde la tecnología o transformar la tecnología desde la colaboración en el aprendizaje?

¿Cómo aprovechar la heterogeneidad de las culturas en red en el aprendizaje?

¿Cuándo y cómo la cooperación en red gozará del mismo prestigio educativo que la docencia?

¿Qué se pierde cuando alguien aprende virtualmente, en todo momento y desde cualquier punto de la red?

Evaluación

¿En el contexto de la educación formal, se debe evaluar en entornos virtuales?

¿Cómo evitar el escaneo analógico en la evaluación digital?

¿En cuanto al feedback docente, es posible reemplazar el acto presencial de la retroalimentación, por uno netamente virtual?

¿Qué posibilidades y límites existen las analíticas en la evaluación del aprendizaje, en la evaluación docente y la evaluación de la gestión educativa?

¿Es posible evaluar en contextos virtuales en todos los ámbitos y disciplinas?

¿Cómo garantizar la seguridad de las estrategias de evaluación, sin que corran el riesgo de ser vulneradas?

¿La dataficación en el aprendizaje es la nueva versión mejorada de la “evaluación como medición”?

¿la tecnología hace más eficaz la noción tradicional de la evaluación del aprendizaje o está creando un nuevo enfoque?

¿Cuáles son los márgenes éticos en lo toma de decisiones evaluativas apoyadas por tecnología como el Big Data?

Cuando un algoritmo educativo aporta datos para tomar decisiones, ¿qué tipos de sesgos está automatizando?

“La pedagogía no es solo una disciplina que busca dar respuestas, también tiene una fuerte vocación por plantear interrogantes. La idea con este trabajo fue recuperar esa vocación pedagógica por entender y atender la tecnología digital desde una visión más amplia, compleja y critica sobre el desarrollo del ser humano. El producto, cincuenta preguntas que para caracterizar la relación educación y tecnología digital”.

La imagen es CC David Docuin.