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6 de noviembre de 2013

Visión y tendencias educativas de futuro #EIE_FT

Chris Haughton
Le llaman, formalmente, clausura del Encuentro Internacional de Educación 2012-2013: Visión y tendencias educativas de futuro fijado para los días 12 y 13 de noviembre en Madrid, pero dudo mucho que el tema quede clausurado. Es poco probable que el debate, intercambio y actividades en red iniciado en este Encuentro, que empezó en abril de 2012, quede cerrado luego de dejar tantas “puertas y ventanas” abiertas sobre un tema tan sustancial y sustancioso para la sociedad como es la educación. El tema y estos temas educativos seguirán en nuestra agenda, lo bueno es que ya lo hemos podido abrir a otras voces, y esto es mucho cuando actuamos en red.

Los nueve tópicos de este Encuentro se han articulado sobre la base de una pregunta por demás compleja y exigente: ¿cómo debería ser la educación en el Siglo XXI? En torno a cada tópico la Fundación Telefónica, organizadora del evento, ha buscado articular múltiples actividades que han permitido, a mi juicio, ir más allá de la actividad convencional en los congresos que consiste en escuchar ponencias y quedarnos así, con lo expuesto. Personalmente creo que en este caso, con sus defectos y virtudes, se han creado diversos espacios que han permitido aprovechar la interacción social como condición de aprendizaje.

Por ejemplo, si se visita el listado de temas desarrollados –aquí debajo- se pueden encontrar las conferencias ofrecidas por los ponentes para cada tema. Hasta aquí todo normal y según el canon de un congreso presencial o virtual. No obstante, también se pueden ver una serie de actividades entroncadas en torno a cada tema, pero organizadas, seguidas y recreadas por la participación del “público”, es decir, a cargo de “los otros” que en el formato tradicional de las conferencias, a lo mucho, preguntaban. Buena parte de “los otros” –que yo haya visto: alumnos, docentes, padres de familia o investigadores- también han podido opinar, contribuir y compartir valiéndose de las opciones de participación que ha ofrecido la red social donde se asienta virtualmente el Encuentro.

Tema 1: Relaciones entre educación, sociedad y trabajo








Tema 9: Visión y tendencias educativas de futuro

Gracias a todas las opciones de participación 2.0, como Facebook, Twitter o YouTube, pero especialmente gracias a los debates, talleres, reuniones de chat y a todos los eventos presenciales que se han desarrollado en distintas ciudades iberoamericanas es que este evento ha podido durar lo que durado: más de 18 meses. Sin duda el factor institucional y el poder de convocatoria de la Fundación Telefónica han jugado un factor clave en este evento, pero ha sido la sensibilidad sobre el tema educativo el detonante de la participación social en red. Creo que los organizadores pueden tomar buena nota de las fortalezas y debilidades de este evento con la finalidad de validar modelos alternativos de formación participativa. Quizás en esta orientativa infografía se pueda encontrar el germen de nuevas ideas. 

En mi caso, además de participar comentando en los foros de debate de mi interés, pude seguir algunas conferencias en directo y otras en diferido, compartir información en Twitter usando el hashtag #EIE_FT del evento, pero también pude participar proponiendo el debate en torno a la “cultura educativa digital” dentro del Tema 3: La educación integral en la era digital.

Concretamente, en este debate se buscó poner en evidencia la necesidad de enfocar el desarrollo educativo con tecnología no sólo como un cambio de un artefacto por otro en el entorno del aula, sino como un cambio cultural. Para ello se examinaron algunos casos de la cultura 2.0 y su potencial impacto en las formas de hacer, sentir y pensar la educación y el aprendizaje en entornos digitales. El tema de la cultura digital educativa no sólo es un tema frondoso y atractivo, sino que parece ser pertinente para centrar el debate en el proceso educativo y no sólo en la anécdota tecnológica. Bueno, por lo menos así lo planteamos y, como es obvio, el tema no está cerrado, ni mucho menos, la pregunta sigue abierta: ¿Cuáles son para ti esos aspectos simbólicos, valorativos y prácticos que definen una “cultura educativa digital?


Algunos soñamos con organizar eventos parecidos a este Encuentro…  es decir, tener la capacidad para convocar a reputados conferencistas de nivel internacional, desplegar una logística que permita presentar las ponencias simultáneamente en distintas ciudades del mundo, movilizar a una serie de docentes con el fin de diseñar foros de debates, talleres y actividades, recuperar las experiencia y el buen hacer de los docentes de distintos países, integrar todo el proceso en una entorno virtual que permita este intercambio entre distintos agentes educativos… y, con todo, no morir en el intento, porque la gestión del mismo ha debido de ser colosal, por decir algo. En fin, son 18 meses de actividad que bien pueden valer una mayoría de edad para un modelo en ciernes.

Aunque lo atractivo de este evento de clausura sean los temas, los ponentes y  las actividades, ver la agenda del evento donde destacan Fernando Savater, Tracey Burns, Ana María Llopis, Jordi Adell o Ramón Flecha, me quedaré con este evento de clausura y con todo lo caminado. Me quedaré con todos esos temas presentados por los conferencistas, así como con los temas desarrolladas por “los otros” en talleres, comentados por muchos en foros, visto por todos en actividades y, espero, aplicados por algunos... esto en buena cuenta es también aprender en red.

Si alguien quiere asistir a este evento puede confirmar su asistencia aquí.

6 de octubre de 2013

Actualidad de la Zona de Desarrollo Twitter #ZDT


Hace algunos años me atreví usar la consabida noción Vigotskyana de Zona de Desarrollo Próximo (ZDP) para entender el mundo en Twitter.

¿Qué había pasado? Comencé a entender que lo que hacíamos en esa región tecnosocial de la brevedad marcada por 140 caracteres era, para los que sigues o te siguen, la oportunidad de ver más allá de tu experiencia. Esto es, el entorno, el lenguaje y las limitaciones de Twitter permitían crear un espacio social común de interacción donde era plausible aprender, avanzar, ya sea a través de la participación, ayuda o colaboración con otros que comparten tus centros de interés (ZDP). Producto de esa reflexión escribí un post titulado Zona de Desarrollo Twitter (ZDT) donde se detalla la noción de Zona de Desarrollo Próximo, se reflexiona –brevemente- sobre la brevedad y se dan pistas sobre algunos usos de Twitter en educación.

Seguir o crear un hashtag, compartir o comentar un tweet, decidir hacer un ReTweet, guardar un tweet como favorito, abrir una lista, organizar los tweets a través de un periódico personal o descubrir una persona o institución interesante que no conocías a través de otra personas en Twitter, y otras acciones, no son acciones técnicas, no, forman parte de las condiciones sociales con las que podemos aprender gracias a otros… también en Twitter, si lo vemos como entorno sociocultural.

Pues bien, hoy domingo al lado de un café, recordé esta idea de ZDT gracias a un tweet de José de la Peña, @sandopen. 



Gracias a esta información, me fui a la aplicación -vizify.com- que compartía @sandopen y pude visualizar de nuevo mi ZDP (imagen), gracias a todos por estar en la Zona.

1 de septiembre de 2013

C-O-N-E-X-I-Ó-N


Atsuko Ttanaka
La palabra conexión es muy importante para la acción educativa. No obstante, esta palabra tiene, según la RAE, por lo menos cuatro sentidos: «1. f. Enlace, atadura, trabazón, concatenación de una cosa con otra. 2. f. Acción y efecto de conectar. 3. f. Tecnol. Punto donde se realiza el enlace entre aparatos o sistemas. 4. f. pl. Amistades, mancomunidad de ideas o de intereses». Si bien es cierto que, gracias a internet, la palabra conexión en la práctica educativa ha permitido ampliar el sentido tecnológico del término, como conexión online, global, abierta, masiva, etc., la conexión que bien vale recuperar en la educación, incluso con la propia tecnología, es la conexión entres personas.

Hace poco, degusté el video TED donde Rita Pierson. Hace una llamada a no olvidar el gran sentido de la conexión educativa. Ella reivindica ver la tarea docente como un reto que exige saber conectar con tus estudiantes, esto es, ser capaz de crear relaciones sociales significativas para convivir, estimular y aprender en el aula. En el mismo vídeo, narra una serie de situaciones reveladoras en torno al valor de la conexión entre profesores y alumnos, casos donde se puede ver la importancia de trabajar la dimensión socioafectiva que entraña establecer una conexión. Por ejemplo, cuando su colega docente le dice que «No me pagan para querer a los niños», la respuesta de Rita fue: «Los niños no aprenden de la gente que no les gusta». De esto se trata la conexión educativa.

Para las situaciones educativas en internet, el sentido de conexión educativa es la misma, no porque sea en internet, sino porque buscan ser educativas. La tarea no es baladí, ya que buena parte de los errores de la pedagogía son de percepción sobre la forma de establecer esas conexiones entre docentes y alumnos o entre alumnos. ¿Cómo recuperar la conexión educativa en tiempos de conexión tecnológica?

La tarea es grande. No es solo una cuestión de técnica pedagógica o tecnología digital, la conexión educativa es un tema de enfoque, de paradigma educativo sobre el valor de las relaciones como condición de aprendizaje. La ventaja es ver que, si internet arraiga un proyecto comunicativo en red, la experiencia educativa puede tomar ventaja de esta oportunidad de interacción para crear esas conexiones educativas. En educación, no hay que conformarse con la conexión en red, hay que añadir a estos protocolos la ventaja –y la imperfección- de la conexión educativa.

Para ampliar: 

Aprender en red. De la interacción a la colaboración. Disponible en http://educacion-virtualidad.blogspot.com.es/2013/02/normal-0-21-false-false-false-es-x-none.html

Cristóbal Suárez Guerrero (Universitat de València)

Fuente de la entrada original: 4 lápices, blog del CITA-FGSR. Autor: Cristóbal Suárez Guerrero. 

La palabra conexión es muy importante para la acción educativa. No obstante, esta palabra tiene, según la RAE, por lo menos cuatro sentidos: «1. f. Enlace, atadura, trabazón, concatenación de una cosa con otra. 2. f. Acción y efecto de conectar. 3. f. Tecnol. Punto donde se realiza el enlace entre aparatos o sistemas. 4. f. pl. Amistades, mancomunidad de ideas o de intereses». Si bien es cierto que, gracias a internet, la palabra conexión en la práctica educativa ha permitido ampliar el sentido tecnológico del término, como conexión online, global, abierta, masiva, etc., la conexión que bien vale recuperar en la educación, incluso con la propia tecnología, es la conexión entres personas.
Hace poco, degusté el video TED donde Rita Pierson. Hace una llamada a no olvidar el gran sentido de la conexión educativa. Ella reivindica ver la tarea docente como un reto que exige saber conectar con tus estudiantes, esto es, ser capaz de crear relaciones sociales significativas para convivir, estimular y aprender en el aula. En el mismo vídeo, narra una serie de situaciones reveladoras en torno al valor de la conexión entre profesores y alumnos, casos donde se puede ver la importancia de trabajar la dimensión socioafectiva que entraña establecer una conexión. Por ejemplo, cuando su colega docente le dice que «No me pagan para querer a los niños», la respuesta de Rita fue: «Los niños no aprenden de la gente que no les gusta». De esto se trata la conexión educativa.
Para las situaciones educativas en internet, el sentido de conexión educativa es la misma, no porque sea en internet, sino porque buscan ser educativas. La tarea no es baladí, ya que buena parte de los errores de la pedagogía son de percepción sobre la forma de establecer esas conexiones entre docentes y alumnos o entre alumnos. ¿Cómo recuperar la conexión educativa en tiempos de conexión tecnológica?
La tarea es grande. No es solo una cuestión de técnica pedagógica o tecnología digital, la conexión educativa es un tema de enfoque, de paradigma educativo sobre el valor de las relaciones como condición de aprendizaje. La ventaja es ver que, si internet arraiga un proyecto comunicativo en red, la experiencia educativa puede tomar ventaja de esta oportunidad de interacción para crear esas conexiones educativas. En educación, no hay que conformarse con la conexión en red, hay que añadir a estos protocolos la ventaja –y la imperfección- de la conexión educativa.
Para ampliar:
Aprender en red. De la interacción a la colaboración. Disponible en http://educacion-virtualidad.blogspot.com.es/2013/02/normal-0-21-false-false-false-es-x-none.html
Cristóbal Suárez Guerrero (Universitat de València)
- See more at: http://cita.fundaciongsr.com/blog.php#sthash.Z5rIsBLy.dpuf
La palabra conexión es muy importante para la acción educativa. No obstante, esta palabra tiene, según la RAE, por lo menos cuatro sentidos: «1. f. Enlace, atadura, trabazón, concatenación de una cosa con otra. 2. f. Acción y efecto de conectar. 3. f. Tecnol. Punto donde se realiza el enlace entre aparatos o sistemas. 4. f. pl. Amistades, mancomunidad de ideas o de intereses». Si bien es cierto que, gracias a internet, la palabra conexión en la práctica educativa ha permitido ampliar el sentido tecnológico del término, como conexión online, global, abierta, masiva, etc., la conexión que bien vale recuperar en la educación, incluso con la propia tecnología, es la conexión entres personas.
Hace poco, degusté el video TED donde Rita Pierson. Hace una llamada a no olvidar el gran sentido de la conexión educativa. Ella reivindica ver la tarea docente como un reto que exige saber conectar con tus estudiantes, esto es, ser capaz de crear relaciones sociales significativas para convivir, estimular y aprender en el aula. En el mismo vídeo, narra una serie de situaciones reveladoras en torno al valor de la conexión entre profesores y alumnos, casos donde se puede ver la importancia de trabajar la dimensión socioafectiva que entraña establecer una conexión. Por ejemplo, cuando su colega docente le dice que «No me pagan para querer a los niños», la respuesta de Rita fue: «Los niños no aprenden de la gente que no les gusta». De esto se trata la conexión educativa.
Para las situaciones educativas en internet, el sentido de conexión educativa es la misma, no porque sea en internet, sino porque buscan ser educativas. La tarea no es baladí, ya que buena parte de los errores de la pedagogía son de percepción sobre la forma de establecer esas conexiones entre docentes y alumnos o entre alumnos. ¿Cómo recuperar la conexión educativa en tiempos de conexión tecnológica?
La tarea es grande. No es solo una cuestión de técnica pedagógica o tecnología digital, la conexión educativa es un tema de enfoque, de paradigma educativo sobre el valor de las relaciones como condición de aprendizaje. La ventaja es ver que, si internet arraiga un proyecto comunicativo en red, la experiencia educativa puede tomar ventaja de esta oportunidad de interacción para crear esas conexiones educativas. En educación, no hay que conformarse con la conexión en red, hay que añadir a estos protocolos la ventaja –y la imperfección- de la conexión educativa.
Para ampliar:
Aprender en red. De la interacción a la colaboración. Disponible en http://educacion-virtualidad.blogspot.com.es/2013/02/normal-0-21-false-false-false-es-x-none.html
Cristóbal Suárez Guerrero (Universitat de València)
- See more at: http://cita.fundaciongsr.com/blog.php#sthash.Z5rIsBLy.dpuf

11 de junio de 2013

¿Con quién aprender?


Imagen
La mayor sofisticación del uso educativo de Internet no consiste en añadir el artefacto de moda al esquema de aula, consiste más bien –y entre otras cosas- en saber encontrar respuestas más sustanciales, pedagógicamente más jugosas, a las preguntas que mueven la acción educativa. Recordemos, la finalidad de la educación no es usar Internet, si ésta mejora las condiciones socioculturales de aprendizaje bienvenido sea, claro está.

Entre estas viejas preguntas pedagógicas que mueven lo educativo está una que es invisible al aula: ¿con quién aprender? Creo aquí, los entornos de aprendizaje en red pueden darnos oportunidades interesantes de pensar la interacción educativa. Es más, si muchos cursos masivos, online y abiertos (MOOC) respondiesen la pregunta ¿con quién aprender? con la importancia que merece, seguro que las cualidades masivo, abierto y online serían sólo anécdotas de los diseños y acciones educativas en red. 

Pero bueno, antes que siga, mi idea en este post es presentar un artículo que he publicado en Cuadernos de Pedagogía, Nº 435, Junio 2013 donde, recuperando la visión de Sociedad Red de Castells, la teoría sociocultural del aprendizaje entroncada en la visión de Vigostky y apoyado en algunos ejemplos contrastados sobre cooperación y aprendizaje basados en la web 2.0, busco encarar la pregunta: ¿con quién aprender?

Aquí reproduzco la cabecera inicial de mi artículo pero que se puede leer en su totalidad haciendo clic en “seguir leyendo...”, a final.  

"¿Con quién aprender?" puede ser una pregunta retórica en el aula. Con el profesor, si no, ¿con quién? No obstante, buscar una respuesta a la misma pregunta en un entorno tecnosocial, como el que describe Internet, puede abrir otras pistas de reflexión pedagógica sobre la cultura de la interacción educativa pensada como condición social de aprendizaje. Esto es, el uso educativo de Internet no consistiría solo en añadir un sofisticado mobiliario al aula para mejorar la enseñanza, sino que dejaría abierta la puerta a otros flujos, lenguajes y dinámicas de interacción social en red, muchas de ellas ajenas a la forma estándar de relación entre profesor y estudiantes, con las que es preciso representar el aprendizaje y el desarrollo de la pedagogía. Buena parte de esta mirada consiste en responder a las preguntas educativas de siempre, pero desde el enfoque social y cultural que entraña el uso educativo de Internet. Pensar y actuar en red es el residuo cognitivo que añade Internet a la pedagogía.

Internet no divide la realidad, crea más bien una capa tecnológica de acción en red, en la que nos alojamos, nos representamos y en la que proyectamos acciones que forman parte de nuestros más domésticos repertorios. Apoyados en esta capa tecnológica, buena parte de los procesos sociales ha abierto otros horizontes de interacción tanto en los procesos productivos y laborales, como en el ejercicio de la democracia y la ciudadanía, en las manifestaciones artísticas, en los modelos de consumo y producción cultural, en las alternativas de expresión afectiva, en las formas de comunicación periodística, en las opciones recreativas y otras formas de acción social, que de forma general Castells reconoce como "sociedad red". Pero ¿qué sucede cuando Internet, el arquetipo de una forma global de interacción en red, empieza a formar parte del aprendizaje y de la educación?

La educación formal ni ha sido ajena a las diversas tecnologías del aprendizaje, ni es indemne a estas tecnologías digitales en red. Y aunque Internet no resolverá los temas tan complejos, amplios y agudos de la educación, estar al margen de sus potencialidades agravaría la gran brecha digital, léase cultural, que separa aprender gestionando información y comunicación en una nueva territorialidad interconectada. Este provecho educativo, que debe ir más allá de la inserción mecánica, frenética y a veces frívola de "soluciones tecnológicas" en el perímetro de la actividad escolar, pasa por pensar y repensar educativamente la herramienta. Por tanto, el eje central de este proceso de apropiación de Internet por la escuela no consiste en una apropiación física del artefacto –Internet está más presente fuera que dentro de la escuela–, sino más bien en la construcción de un marco representacional que indique qué hacer con las funciones sociales y culturales que añade educar en red. La escuela no requiere soluciones tecnológicas para usar Internet, requiere soluciones educativas pensadas en red.

De la misma forma que traducir un poema a otro idioma es crear otro poema, "trasladar" la dinámica educativa de una asignatura a Internet es crear otra acción educativa. Por ello, si la apropiación educativa de Internet implica un cambio en la noción de interacción, es lógico entender que esta apropiación se plantee como un imperativo pedagógico que intente evaluar la noción de educabilidad en red. Las viejas y necesarias preguntas que caracterizan el desarrollo de la pedagogía –para qué, qué, cómo, cuándo, con qué, con quién o dónde aprender– adquieren otros matices que rebasan la magnitud física y cultural del aula.

Buena parte de este sesgo pedagógico –no solo didáctico– sobre Internet se está abriendo con intensidades distintas, pero de lo que no hay duda es de que está dando la oportunidad de responder de forma distinta a una serie de expectativas educativas. Está en el tintero un núcleo de trabajo, investigación y desarrollo que bien puede denominarse "pedagogía de la virtualidad", que, sin dejar de ser teórica, es fundamental para la práctica educativa en la actualidad. Entre todas esas nociones que reconfiguran la educación en Internet, aquí, de manera gruesa, se intenta añadir a la reflexión pedagógica la necesidad de repensar el aprendizaje en las condiciones socioculturales que describen aprender y enseñar en un entorno en red, unas condiciones inéditas al contexto del aula. La visión sociocultural de Internet, de forma general, ofrece a la educación la perspectiva necesaria para reconocer el papel de "el otro" en la educación; esto es, abre un mundo de nuevas respuestas a la pregunta: ¿con quién aprender?

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22 de enero de 2013

ZDP: ¿qué puede aportar "el otro" en el aprendizaje en Internet?

Chow Hon Lam

La Zona de Desarrollo Próximo es una categoría pedagógica con la que se puede percibir el potencial educativo de la participacióncolectiva en red. Para empezar, la acción social con que se puede promover el aprendizaje se puede presentar, sustancialmente, de dos formas básicas. Como guía de un experto o profesor o como cooperación entre estudiantes, pares o iguales. Ambos representan agentes sociales válidos e importantes, pero describen formas de interacción social diferentes que pueden adquirir nuevos matices cuando la red es el entorno de acción.

El primer caso, la guía, consiste en la actividad especializada que brindan una o varias personas de experiencia contrastada, que dominan el contenido y orientan el recorrido del aprendizaje (una persona experta como un docente o tutor). La segunda, la cooperación, entendida como la participación dinámica y recíproca de los que, estando en situaciones semejantes de expectativa sobre el aprendizaje (un par o igual, como un compañero de estudios), comparten y resuelven tareas de aprendizaje a partir de la negociación en torno a una finalidad educativa planeada en conjunto. Las condiciones sociales que brindan un experto y los estudiantes para aprender son, por tanto, diferentes.

El papel del experto está caracterizado como orientación, pues su rol es servir de norte y pauta en el proceso de aprendizaje, confirmando, reforzando o rectificando el proceso de internalización del alumno, ya que su umbral de experiencia está más allá de la experiencia de los alumnos. Esta es la forma básica de interacción educativa es la relación profesor-alumnos.

La cooperación como interacción social, por su parte, sigue otro derrotero. Como describe Bakhtin (1990, 99) acerca de la función de “el otro” –el compañero de estudios- en el proceso de coconstrucción, “¿de qué manera enriquecería el evento si me fusionara con el otro y en lugar de dos ahora sólo hubiera uno? ¿Y qué ganaría yo con la fusión del otro conmigo? Si el otro lo hiciera, no vería ni sabría nada más que lo que yo mismo veo y sé; se limitaría a repetir en él mismo las carencias que caracterizan mi propia vida. Dejemos, en cambio, que siga fuera de mí, pues en esa posición puede ver y saber lo que yo no veo ni sé desde mi lugar y puede enriquecer esencialmente el acontecimiento de mi propia vida”.

Visto así, la cooperación se perfila como un evento muy diferente a la acción del experto e implica el compromiso compartido entre alumnos sobre la tarea de aprendizaje, no una guía, sino una actividad recíproca como rasgo particular. Esta forma de interacción es, como tal, una de las formas plausibles de aprovechar la potencia del desarrollo social en Internet.

Esta diferencia entre guía y cooperación está expuesta en la categoría pedagógica que analiza el papel de la interacción social como agente de desarrollo del aprendizaje: La Zona de Desarrollo Próximo (ZDP). Como se sabe, esta idea original conserva la siguiente forma: La ZDP: “no es otra cosa que la distancia entre el nivel real de desarrollo, determinado por la capacidad de resolver independientemente un problema, y el nivel de desarrollo potencial, determinado a través de la resolución de problemas bajo la guía de un adulto o en colaboración con otro compañero más capaz” (Vigotsky, 2000, 133).

Entre las muchas interpretaciones y los usos que normalmente se hacen de esta categoría vamos a señalar el valor para la interacción cooperativa entre alumnos. Si descomponemos el concepto de la ZDP tendríamos lo siguiente:
  •  Primero, la ZDP da cuenta de la diferencia o distancia entre un nivel real de desarrollo y uno potencial viable.
  • Segundo, el salto cualitativo está entendido como diferencia de niveles, desde una acción terminal y personal (real) a otra posible y participativa (potencial).
  • Tercero, esta distancia entre lo real y lo potencial está concebida en compañía de otros que pueden ser exactamente un guía (adulto o profesor) o en cooperación (compañero); ambos cumplen la función de coadyuvar, ubicar y catapultar el progreso a un nivel o umbral superior –diferente- de desarrollo.
Es decir, el concepto de ZDP implica una actividad social necesaria, una distancia que recorrer entre un nivel real y otro potencial, y una asistencia externa que tiene dos formas. 

En ese sentido, comprender el proceso de aprendizaje entre alumnos a través de la ZDP es entender otro ámbito de intersubjetividad distinta a la enseñanza. En esta región de interacción los alumnos no son entes pasivos, sino interlocutores que ayudan, esclarecen, planifican, estimulan, participan, es decir, buscan entenderse e imbricarse entre sí, coconstruyen. En la cooperación cuenta más la implicancia psicológica y la comprensión interna para cumplir con una tarea común de aprendizaje. Crear una ZDP como actividad cooperativa es, ante todo, crear puentes de comprensión y coordinación mutua entre los alumnos.

Al poner de relieve la actividad cooperativa, la ZDP entre iguales se manifiesta como una categoría pertinente para el desarrollo educativo de la interacción social desplegada en red. Por ello surgen otras preguntas:
Si Internet constituye un entramado de acción social y, por ello, un entorno de interacción potencialmente educativo, ¿por qué aprovecharlo únicamente para distribuir información? La pregunta que obliga la Zona de Desarrollo Próximo a la educación en la red es pensar seriamente en ¿qué puede aportar "el otro" al aprendizaje?