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27 de noviembre de 2017

El árbol y el bosque. ¿Basta la tecnología para cambiar la educación?



Hace poco escribí en mi cuenta de Twitter:
Investigo sobre el impacto de la tecnología en la educación –aunque queda mucho por trabajar sobre el impacto de la pedagogía en la tecnología-, diseño actividades en clase en la universidad usando tecnología, entiendo que la tecnología es un factor de desarrollo social y cultural pero trato de estar atento a sus dilemas, entiendo que la crítica –no solo como una capacidad de calificar o gritar, sino de estar cualificado para atender criterios que permitan discriminar mejor, y entiendo que la pedagogía -desde una mirada humanista y apoyada en diversas disciplinas- puede aportar una imagen integral de lo “digital” en la educación.

Pero a pesar de lo anterior cabe preguntar: ¿basta la tecnología para cambiar la educación? La primera respuesta es que el aprendizaje es un evento complejo, multidimensional, que depende de muchos factores. Esto que parece obvio suele desaparecer cuando -empujados por el entusiasmo y otras motivaciones- se suele adjudicar a la tecnología valor causal del aprendizaje: "está app aumenta el aprendizaje" o "tal dispositivo mejora la competencia x", suelen ser afirmaciones comunes cuando se trata de hablar de la eficacia de un artefacto. Por ejemplo, esta idea de la tecnología en la educación es común en la prensa: “tecnologías que están revolucionando la educación”. 

Se puede responder a la pregunta anterior desde, por lo menos, dos perspectivas: 

1. Por un lado, desde el punto de vista prescriptivo (cómo hacer para lograr X), esto es, a nivel de modelo de intervención educativa, la tecnología es un elemento al que siempre le faltará una buena idea educativa anterior.

Por ejemplo, si se atiende la noción de innovación educativa de la “Prácticas innovadoras de enseñanza y aprendizaje: Elementos clave para desarrollar aulas creativas en Europa”, es necesario tener en cuenta que la innovación no es un efecto de la aplicación de tecnología únicamente, sino más bien un concepto que se busca con anterioridad. La tecnología sola no es “palanca de cambio”, sino que se articula con otros factores para poder promover dicho cambio. En esta imagen, extraída de aquí, se puede ver todas las dimensiones que supone pensar un aula innovadora, en círculo rojo lo que compete directamente a la tecnología.

2. Por otro lado, desde el punto de vista que aporta la evidencia empírica (cómo es X), esto es, cuales son los factores que influyen en el rendimiento académico según la investigación sobre el aprendizaje, la tecnología es un factor.
 
Un buen trabajo que permite ver los factores que intervienen en el aprendizaje en aula es la línea de investigación desarrollada por Jonh Hattie. Este investigador, tomando como base 1400 metaanálisis, 80.000 estudios primarios que trata sobre 300 millones de alumnos, ha podido identificar 254 factores en juego, por lo menos los que reportan la investigación educativa, que influyen en el aprendizaje. A nivel de evidencia hay que entender que el efecto tecnológico en la educación –aunque hay quienes que lo niegan de plano, como Mayer (capítulo 8)- no es químicamente puro y que depende de un “juego” con otras variables a tender en cuenta. De los 254 factores que influyen en el aprendizaje escolar se pueden detectar estos factores relacionados con la tecnología. 


La innovación y el aprendizaje requieren tecnología, sí, pero precisan de algo más. La tecnología necesita que la educación le de sentido. Parte de ese sentido es pedagógico que permite ver el todo, el bosque, y no mirar únicamente el árbol.

1 de marzo de 2016

¿Qué hacer con una tableta en el aula?


http://www.samsung.com/es/educaciondigital/LIBRO_SAMSUNG.PDF Buena parte de las certezas que tenemos hoy en la sociedad red consiste en pensar que podemos innovar en educación usando tecnología. Sin duda, la tecnología nos ofrece una serie de respuestas, soluciones tecnológicas muy sofisticas y variadas, pero hacen falta interrogantes para dinamizarlas. Buena parte de estos interrogantes son pedagógicas.

Uno de los aportes que pueda añadir la pedagogía (red, digital u online) al maremágnum de tecnologías que hoy tenemos dentro y fuera del aula –más fuera del aula, a veces- es, quizás, el hacernos preguntas valiosas para dar sentido a la tecnología. La construcción de esta mirada pedagógica está en pleno desarrollo y hace falta investigación.

Sobre la necesidad de mirar pedagógicamente la tecnología se asienta la Guía Práctica de la Educación Digital. Lo singular de esta guía es que recurre a la investigación de la práctica educativa para, primero, entender qué cambios se producen en la dinámica escolar cuando profesores y alumnos disponen de tabletas y, desde ahí, proponer una serie de recomendaciones que puedan mejorar la experiencia.

La investigación se  enmarca en el proyecto “Samsung Smart School” que durante el curso 2014-2015 ha impulsado el uso de las tabletas en 15 centros de Educación Primaria en igual número de comunidades autónomas de España (Aragón, Asturias, Canarias, Cantabria, Castilla la Mancha, Castilla y León, Extremadura, Galicia, Islas Baleares, La Rioja, Madrid, Murcia y Navarra), incluido Ceuta y Melilla.

El propósito de este proyecto, en colaboración con el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España y las comunidades autónomas, fue impulsar el aprendizaje de los alumnos de 5º y 6º de primaria a través de dispositivos móviles en centros de zonas desfavorecidas por su ubicación geográfica, donde la ratio de abandono escolar o de desempleo era abrumador, así como dotar a los docentes de formación para apoyar el proceso de aprendizaje con las tabletas.

Producto de la investigación (que integró una encuesta a los docentes del proyecto, la observación de la práctica educativa en el aula, sesiones de focus group con los docentes, entrevistas virtuales a los profesores y embajadores del proyecto y el análisis de 80 unidades didácticas generadas), se analizó la percepción docente del uso de las tabletas al pensar la finalidad educativa, diseñar el enfoque didáctico, plantear la organización de contenidos y actividades, seleccionar los recursos didácticos, concebir el espacio y tiempo y proponer el enfoque de evaluación del aprendizaje con las tabletas.

La primera evidencia del estudio –que forma parte de la guía- es que las tabletas introducen cambios en la dinámica del aula. No obstante, los propios docentes reconocen que el reto educativo en este proceso de cambio no es la tecnología, sino el desarrollo de un modelo pedagógico que rompa con el modelo tradicional de enseñanza y aprendizaje. Sin duda, el proyecto para los docentes fue una gran oportunidad para pensar en qué cambios educativos se pueden ensayar. De esta reflexión docente es que surgen algunas recomendaciones para atender la pregunta que da título a esta post: ¿Qué hacer con una tableta en el aula?

Estas recomendaciones son las respuestas a los desafíos señalados por los docentes del proyecto “Samsung Smart School” que pueden ser tomados en cuenta por otros docentes:

  • Es imprescindible adoptar un modelo pedagógico adecuado para dar sentido y potenciar el efecto de las tabletas en el aprendizaje de los alumnos.
  • Es necesario planificar la forma en la que los alumnos desarrollen la competencia digital que les permita usar la tableta para aprender, ya que no es suficiente con ser un nativo digital.
  • Antes de responder a la pregunta “¿con qué app pueden aprender?”, es necesario que el docente se pregunte “¿a dónde quiero llegar?” y “¿cómo puede ayudarme la tecnología?”
  • La integración de la tecnología en el aula no debe ser la decisión de un docente en solitario, sino una decisión del claustro.
  • El uso de la tecnología en el aula genera menos incertidumbre si se dispone de un Plan B.
  • La seguridad digital es una tarea pendiente.
  • Cede el protagonismo a los alumnos y déjate sorprender por ellos.
  • Utiliza un enfoque pedagógico basado en la colaboración a la hora de diseñar proyectos para realizar en el aula con los alumnos.
  • Evita que los alumnos estén estáticos cuando uses en el aula las tecnologías móviles.
  • Para un buen uso educativo de las tabletas es necesario ir más allá de la enseñanza.
  • Hay que diseñar las actividades de aprendizaje, asumiendo que tanto alumnos como docentes forman parte de un escenario abierto y global.
  • La tableta es la puerta abierta hacía el enfoque Flipped Classroom.
  • Ponte como reto dar el salto cualitativo del juego a la gamificación.
  • No desarrolles tu competencia digital docente en solitario. Cuenta con otros compañeros, dentro y fuera de tu centro.
  • El enfoque 1:1 (un alumno una tableta) no significa que se personalice automáticamente el aprendizaje, pero es un primer paso.
  • Reflexiona sobre las actividades y tareas que se pueden hacer con la tableta.
  • Estableced vuestros propios medios y canales para informar y formar a las familias en este cambio que supone la introducción de las tabletas en el aula.
  • Evita limitar el uso de las tabletas a una simple recompensa por escuchar la clase o estar en silencio.
  • Para aprender, atrévete a cometer errores.
  • No olvides que, más allá de proporcionar acceso a la tecnología, es imprescindible centrar nuestra atención y esfuerzo a la aplicación educativa de la misma.
  • No basta con tener una tableta, hay que aprender a pensar educativamente con ella.
  • Tanto docentes como directivos tienen que ser conscientes de la necesidad de establecer y desarrollar una cultura digital en su centro educativo.

No obstante, la principal recomendación que dan los docentes del proyecto a todos aquellos profesores que quieran integrar la tecnología en clase es atreverse, dejarse sorprender por los niños e ilusionarse con el cambio.

Más información:

Suárez-Guerrero, C., Lloret-Catalá, C. y Mengual-Andrés, S. (2015). Guía Práctica de la Educación Digital. España: Samsung España. 
Recuperado de http://www.samsung.com/es/educaciondigital/LIBRO_SAMSUNG.PDF

20 de marzo de 2013

Experiencias Innovadoras en el aula


Se trata del prólogo que escribí para el libro Selección de experiencias innovadoras en el aula: Trabajar con las competencias del s. XXI, editado por Curalia. Como la finalidad es explorar las experiencias dejo estas palabras iniciales para que puedan acceder al libro que se puede descargar aquí. 

TPACK, una respuesta educativa pensada con tecnología

La propuesta TPACK –acrónimo de Technological Pedagogical Content Knowledge[i]- no es un artefacto técnico de última generación, es más bien una respuesta educativa pensada con tecnología. La idea sustancial de esta respuesta educativa consiste en no pensar la tecnología en abstracto, sino pensar en la nueva función tecnológica –aquello que se puede hacer con una aplicación web, por ejemplo- integrada en un único universo simbólico asociado a un contenido y una forma pedagógica de enseñar y aprender en contextos educativos, como el aula. 

Este conocimiento tecnológico pedagógico del contenido (TPACK) es un conocimiento interdisciplinar, complejo, pero necesario para interrelacionar el “saber qué”, el contenido; el “saber cómo”, la pedagogía; y el “saber con qué y dónde”, la tecnología en red. Este saber está en plena construcción y viene siendo desarrollado por muchos docentes[ii] que –llamándolo TPACK o no- buscan adoptar, adaptar, crear y compartir los recursos tecnológicos en su quehacer educativo de una forma creativa, pero significativa con la finalidad y de acuerdo al contexto al que se deben, el “para qué” enseñar y aprender. 

Como existe un camino recorrido y otro por recorrer en esta integración de saberes, esta publicación intenta recuperar parte del proceso creativo docente identificando una serie de experiencias educativas pensadas desde este universo simbólico TPACK. Esta selección de experiencias no es la única respuesta a la integración educativa de la tecnología, ni tampoco será la mejor, todo es perfectible. Pero si existe algo que se puede destacar de todas estas experiencias es que contribuyen a no quedarnos ciegos por el resplandor tecnológico y, como tal, pensar en aquello que justifica su uso e integración en el aula. Esto es, pensar en la pedagogía y el contenido en la actividad escolar con tecnología permite invisibilizarla integrándola en un único conocimiento –TPACK- para dar prioridad a algo que en este material es una constante: las actividades de aprendizaje.

En torno a las actividades de aprendizaje se pueden distinguir dos motivaciones en esta publicación: 

(1) Presentar el TPACK como un conocimiento que añade a la acción educativa un enfoque de acción. Este enfoque no aporta precisamente una tecnología, una pedagogía o unos contenidos, sino la visión unificada de los tres que ha sido aplicada en diversas circunstancias que aquí se describen en detalle. 

(2) Estimular la aplicación del modelo TPACK, como forma emergerte de conocimiento educativo, desde un análisis del contexto educativo que es el punto de partida y llegada que justifica este conocimiento. En concreto, esta publicación se decanta por presentar experiencias TPACK para motivar nuevas reflexiones que atiendan el contexto educativo del lector.

Ya que la noción TPACK es un recurso simbólico, un encuadre, que sirve para visualizar una opción educativa, la primera motivación de este material consiste en no hablar únicamente de tecnología, sino de actividades de aprendizaje organizadas en estadios –alfabetización TIC, soporte clase magistral, soporte a tareas de ejercitación, soporte a tareas de producción, soporte a trabajo en proyectos y soporte a proyectos colaborativos- que componen la matriz de la propuesta que, como es el caso, se diversifican en distintos contenidos y opciones didácticas.

Como la tecnología, la pedagogía y el contenido no se encontrarán delimitados en estado puro, ni de forma aditiva, tampoco se podrán visualizar caminos rectos en este proceso de creación de las actividades de aprendizaje. La razón es que, como señalan Koehler & Mishra, “el TPACK es una forma emergerte de conocimiento que va más allá de tres componentes: contenido, pedagogía y tecnología”[iii]. Esta integración unificada es siempre un producto nuevo, una representación particular del docente que presenta la experiencia. Por ello, cada experiencia presentada aquí es siempre una respuesta generada por interacciones necesarias en el momento de pensar la educación en el aula. Se trata, pues, de una respuesta unificada de la tecnología “como parte de…” de la pedagogía de un contenido en un contexto definido.

Pero, como no se trata sólo de usar la tecnología en la escuela, hacerla visible en el aula o en el plan curricular, en este material se busca motivar la creación de un conocimiento TPACK que responda significativamente al contexto educativo que lo justifica. Aunque la selección de experiencias aquí descritas son educativamente interesantes, un conocimiento TPACK no es –o debería ser- un enfoque vano. El significado real para los estudiantes y los profesores, y con ello para la educación formal, implica arraigar esta interacción conceptual en un contexto educativo concreto, pocas veces destacado en los trabajos de este tipo. Aquí la tarea docente consiste en desarrollar este conocimiento en un contexto educativo (Figura 1).

Recuperar la creatividad educativa diseñada por distintos docentes en torno al modelo TPACK generando una expectativa por su desarrollo es la motivación de este trabajo. La teoría educativa y la didáctica TIC ganan con la propuesta TPACK un punto de referencia –no el único- desde donde representar la complejidad educativa sin perjuicio del tecnocentrismo. Sin embrago, la práctica educativa –siempre más amplia y más rica que el lenguaje- puede llevarse la mejor parte si se busca enriquecer la educación desde una mirada más amplia que vaya más allá del artefacto tecnológico. De forma general, esa es la idea de las siguientes páginas.



[i] Mishra, P. & Koehler, M. (2006). “Technological Pedagogical Content Knowledge: A Framework for Teacher Knowledge”, Teachers College Record Volume 108, Nº 6, pp. 1017–1054. Disponible en: http://punya.educ.msu.edu/publications/journal_articles/mishra-koehler-tcr2006.pdf
[ii] Buena parte del desarrollo y divulgación del modelos TPACK pueden verse en los trabajos de Judith Harris:  http://education.wm.edu/ourfacultystaff/faculty/harris_j.php
[iii] Koehler, M. & Mishra, P. (2008). Handbook of Technological Pedagogical Content Knowledge (TPCK) for Educators. Mahwah, NJ, Lawrence Erlbaum Associates, p. 17.

11 de octubre de 2012

Ahora es cuando hace falta la pedagogía



Si pensamos responder a la pregunta ¿qué aporta la tecnología a la educación? es muy probable que podamos dar un listado de nuestras herramientas con las que aprendemos, enseñamos o buscamos interactuar en comunidades de aprendizaje virtual. No obstante, existe otra pregunta, la que está en la orilla de la representación simbólica sobre para qué, qué, cómo, cuándo, con quién o dónde aprender: ¿qué aporta la pedagogía a la tecnología? Esto es, qué función educativa añadimos a las herramientas… más claramente, si intentamos bailar con la tecnología ¿qué música le vamos a poner?

Las herramientas van muy de prisa, están aquí y son muchas, mientras que la pedagogía sobre la virtualidad es más lenta en desarrollarse. Las nuevas pedagogías, las pedagogías emergentes, las pedagogías funcionales para el mundo virtual o, más en confianza, la e-pedagogía está en construcción.

Pero a sazón de la velocidad tecnológica, acaba de publicarse el Top 100 Tools for Learning 2012, elaborado por el Centre for Learning & Performance Technologies, una institución que desde el 2007 ofrece este tipo de aporte.  Esta última edición ha sido elaborada con la opinión de 582 profesores y profesionales de la educación de muchos partes del mundo. Sin duda, cada listado se confecciona con una metodología de la que depende su validez, así como su proyección.

En esta última edición del listado se puede apreciar la evolución de las herramientas. Algunas se mantienen en “el top” como Twitter, YouTube y Google Docs y otras se van abriendo paso como Pinterest –muy previsible- así como algunas herramientas de curación de contenidos y generadores de revistas para iPad (como Scoopit, Flipboard y Zite).

Además del amplio dominio de herramientas gratuitas y sociales, según los responsables del listado, se señala que la “tendencia para este año” (de la herramienta, no del aprendizaje) es el uso de herramientas para organizar recursos digitales, así como el interés por herramientas para tomar notas. Pero también se destaca algo más significativo, los matices que han puesto de manifiesto los que han elaborado el listado respecto al uso de estas herramientas en el aprendizaje en el entorno laboral, en la enseñanza, así como en el autoaprendizaje. En ambos casos se hablan de funciones.

Pues a esto iba. Sin negar el esfuerzo y el aporte que ofrece conocer una tendencia, estos listados no servirían de nada, serían un puro formalismo, sino se pudiese reconocer “la función educativa que añaden al aprendizaje, la enseñanza o la gestión educativa”. Percibir cómo se ha resuelto o mejorado el aprendizaje con estas herramientas, esto es, qué función educativa se ha podido añadir al sistema tecnológico es el criterio de fondo. Este sería, a mi juicio, la razón de ser de este tipo de listados. 

Cuando se dice que una tecnología se impone en la práctica educativa habría que preguntar siempre qué resuelve. Por tanto, las herramientas más mentadas de este u otro listado no son nada –serían sólo ruido tecnológico- si es que no llegan a implicar la función tecnológica dentro de una función educativa.


30 de abril de 2012

Cultura educativa y aprendizaje abierto


¿Cómo representar el aprendizaje en un contexto virtual? Esta pregunta, como otras, forma parte de la teoría pedagógica y la práctica educativa con tecnología. No se trata de un interrogante baladí, sino sustancial, aunque no necesariamente prescriptivo del tipo “hacer X para conseguir Y”, de orden didáctico. Es sustancial porque comprender el aprendizaje y el aprendizaje en contextos de virtualidad brinda un marco de aprehensión que imbrica todos los elementos del proceso. Esto es, lo que pensamos sobre el aprendizaje es valioso porque –como recalca Wernger (2001, 26)- “influye en nuestra manera de reconocerlo y en lo que hacemos cuando decidimos que debemos hacer algo al respecto como individuos, como comunidades y como organizaciones”. La noción –consciente o no- sobre cómo aprender mediados tecnológicamente marca el derrotero de la formación virtual. 

Por ejemplo, en “Sociedad del Aprendizaje” publicación de CISCO y dirigida por John Chambers se plantea una serie de ideas en torno al papel del aprendizaje en una cultura de aprendizaje permanente.  De forma más concreta, y también estimulante, la Escuela de Organización Industrial EOI cifra bajo la expresión Open Learning una percepción sobre cómo – y por qué- aprender en una sociedad marcada por los retos sociales de hoy. Son posiciones que buscan entender el aprendizaje con tecnología no sólo como el cambio de un mobiliario educativo por otro, o como una operación aditiva, sino como la emergencia de una cultura educativa que se está construyendo en torno a la virtualidad donde tiene mucho que ver la cultura de lo abierto; véase por ejemplo los casos que se muestran en “The power of open”. Si aprender es un ejercicio permanente, la cultura de lo abierto es una condición necesaria para ello.

Y es aquí donde centro una parte de esta construcción de la imagen de aprendizaje en la Sociedad Red. La cultura de lo abierto entraña una nueva visión de la relación entre aprendizaje y currículo, una relación que nos permite ver otras condiciones de aprendizaje  distintas al enfoque en que se concibe aprender en la educación formal. Estas condiciones son condiciones sociotecnológicas abiertas y en red que afianzan y legitiman experiencias de aprendizaje sustentado en contenidos, agentes educativos y estructuras más allá de la educación cerrada, estructurada y oficial.

Ver el aprendizaje como un evento inscrito en un entorno virtual –pero real- que abre la experiencia a otros –con otros- a través de una serie de productos culturales accesibles – Open Educational Resources- con lo que seguir aprendiendo, ofrece otra forma de representar el aprendizaje en este espacio de flujos, que Castells de nomina Sociedad Red. En este marco, la remezcla, la mejora y la posibilidad de compartir son patrones de acción distintos a la cultura escolar con la que muchos hemos crecido.

Por tanto, el aprendizaje abierto forma parte de la representación educativa en la actualidad. Una parte de la visión está contenida en la Declaración de la Educación Abierta de Ciudad del Cabo que dice: “la educación abierta no está limitada a sólo recursos educativos abiertos. También se basa en tecnologías abiertas que facilitan un aprendizaje colaborativo, flexible y en el compartir practicas de enseñanza que facultan a los educadores a beneficiarse de las mejores ideas de sus colegas”. 

Como parte de esta necesidad de análisis, Jean-François Cerisier y yo, hemos organizado una asignatura para debatir estos temas en una unidad indisociable entre “Cultura Digital y Aprendizaje Abierto”, esto como parte de la Maestría en Integración e Innovación Educativa de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) de la Pontificia Universidad Católica del Perú, dirigida por Lucrecia Chumpitaz.
Esta asignatura, que está en pleno desarrollo, “integra las TIC, como herramienta social y cultural, en los modelos de representación y construcción de entornos educativos abiertos, flexibles, reticulares y globales que abren nuevas oportunidades de aprendizaje más allá del aula”.  Aquí les dejo la presentación que acompaña mi intervención sobre el tema “Aprendizaje abierto” en este Máster el día de hoy.