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18 de octubre de 2025

Imaginarios pedagógicos para resignificar la IAG

Desde la popularización de la Inteligencia Artificial Generativa (IAG), nov de 2022, asistimos a un cambio -no solicitado- que es ya una práctica masiva, pero también una exigencia: dar significado educativo a la IAG.

Este proceso no se logra solo con el uso, sino con prácticas densas de reflexión y debate pedagógico -complejas y no siempre estructuradas, como es la educación- sobre si la IAG realmente está alineada a los fines educativos y que, junto idearios políticos, utopías sociotecnológicas, prioridades y dinámicas comerciales edtech, experiencia y formación docente, investigación y información científica, creencias docentes nuevas o heredadas, gestión y cultura escolar, pautas didácticas y muchos aspectos no tecnológicos, forman parte de una complejidad que no se puede descuidar en esa búsqueda de sentido educativo de la IAG.

Lo educativo está en un proceso de resignificación sobre la IAG y es aquí donde cabe tener en consideración cómo se están construyendo esos los imaginarios pedagógicos que nos permitan acercaros a ese sentido educativo, además de usar la IAG.

Sobre cómo va esta construcción de sentido aquí van dos ejemplos -dos fotografías del movimiento- de esos esfuerzos de resignificación con el que mirar educativamente la IAG: una estructurada, el Modelo EurekAI Es un esfuerzo por sistematizar y atender de forma coherente la integración de la IA en la docencia desde 4 dimensiones clave: Desarrollo profesional, reflexión pedagógica, práctica docente y capacitación del estudiante.

El otro ejemplo de resignificación, más diseminado, son las creencias docentes sobre las IA. Estas creencias sobre la IAG se fraguan en el día a día en ese cruce difuso entre diversos tipos de información de fuentes heterogéneas y el contraste con la práctica educativa y escolar. Una fuente para observar parte del proceso de resignificación es el último reporte TALIS 2024 que, con sus obvios sesgos metodológicos y sus propias creencias sobre el poder de la IAG, presenta información sobre las creencias docentes en torno a los beneficios, desafíos, obstáculos y barreras sobre el uso de la inteligencia artificial.

Un ejemplo sobre las creencias docentes sobre la IA es que “apenas 4 de cada 10 docentes de esta etapa (secundaria) considera que la IA reporta beneficios para la planificación de la enseñanza, la adaptación de materiales y la atención al alumnado con necesidades educativas. Aún más bajo es el porcentaje de profesorado que piensa que la IA le ayudará a apoyar al alumnado individualmente (33 %) o a automatizar tareas administrativas (37 %)”(pág. 92).

Aquí hay mucha tela que cortar, pero estas creencias forman parte del uso educativo de la IAG y, junto a las propuesta estructuradas como los modelos, son parte de esos procesos de resignificación de la IAG al que estamos abocados.



30 de septiembre de 2025

Mitos de la educación. REICE, Vol 23, No 4 (2025)

Aunque transitar el camino editorial, sin duda, es ya una experiencia intensa de aprendizaje, más si se hace en buena compañía, llegar a la edición de un monográfico es un hecho significativo. Es ver cómo las ideas van tomando forma, cómo se caracterizan problemas, cómo se validan los métodos y herramientas, cómo las conjeturas se cargan de evidencias, cómo emergen nuevos interrogantes y cómo el conocimiento adquiere una dinámica propia, pero social ya que congrega a diversos investigadores e investigadoras, provenientes de distintas disciplinas y tradiciones, para construir un tema común. Este es el caso del Monográfico de REICE Vol 23, No 4 (2025)que he tenido el placer de coordinar en torno a los mitos de la educación y que ha sido posible gracias al trabajo de autoras y autores, evaluadoras y evaluadores, así como a la gestión de Cynthia Martínez-Garrido y Francisco J. Murillo, a quienes agradezco su trabajo. 

En la presentación -Mitos Educativos como Objeto de Estudio de la Pedagogía- se pueden ver las razones que justificarían analizar y esclarecer los mitos presentes en la narrativa educativa, pero además de ello, y especialmente, esta nota es para invitar a adentrase en los 7 trabajos que forman parte de esta edición de REICE.

Mito meritocrático. Existe una narrativa que sostiene que, una vez resuelto el acceso al sistema educativo, la capacidad y el esfuerzo personal son factores que determinan el éxito educativo. De Daniel Turienzo y Jesús Rogero-García.

Mito del inmovilismo escolar. Aunque la escuela sea vista como un entorno inmovilista desde la teoría critica, las subjetividades ni son completamente estáticas ni unívocas si se estimulan desde propuestas de justicia social. De Pablo Neut, Mercedes Blanco-Navarro, Pablo Rivera-Vargas y Paula Lozano-Mulet.

Neuromito. A pesar de los avances de la neurociencia, existen una narrativa educativa que se sostiene en una comprensión mecánica de la neurociencia que generan expectativas erróneas sobre la enseñanza. De Antonio Rodríguez Fuentes, Carmen del Pilar Gallardo Montes y Ana Belén Pérez Perdregosa.

Mito de la despolitización. Más allá de la asepsia ideológica con que la Inteligencia Artificial (IA) llega a la escuela, un examen sociotécnico de su narrativa desentraña un proyecto de privatización que es preciso examinar. De Geo Saura, Mateus Arguelho y Jordi Casas.

Mito de la neutralidad tecnológica. La IA, lejos de ser concebida solo como herramienta neutral, incide en procesos de inculturación simbólica complejos que estimulan una cultura organizacional y pedagógica concretas. De Hugo Alejandro Muñoz Bonilla, Miguel Alejandro Espinosa Rodríguez y Carlos Felipe Chaves Campo.

Mito en torno a las altas capacidades. Existe, a pesar de los avances en esta área de conocimiento, percepciones docentes que niegan las necesidades educativas de personas con altas capacidades, un estigma con impacto real en las decesiones educativas. De Inmaculada Chiva Sanchis, Ana Mª Moral Mora y Genoveva Ramos Santana.

Mito de la dieta digital. Aunque la desconexión digital no influye directamente en el bienestar general, entenderla como situación de aprendizaje puede contribuir con la experiencia metacognitiva y la autorregulación en los estudios. De Diana López-Conesa y José Luis Serrano.

Aquí el acceso a todos los trabajos y un resumen de cada uno, para abrir boca. https://lnkd.in/dqumV3gE



3 de mayo de 2025

Entornos híbridos y didáctica universitaria. Buscando romper la dicotomía virtual/real.

Quiero compartir parte de la introducción que Amaia Arroyo-Sagasta, de HUHEZI-Mondragon Unibertsitatea (España), Mariana Ferrarelli, de la Universidad Isalud (Argentina) y yo, Cristóbal Suárez-Guerrero de la Universitat de València (España), preparamos para el monográfico que coordinamos para EDUTEC. Revista Electrónica de Tecnología Educativa. Se trata del último número, 91 (2025) que, junto a la sección general, incluye una sección monográfica en torno a Didáctica Universitaria. Nuevos alfabetismos para entornos expandidos

No se trata de una moda, ni de una única tecnología, o de un enfoque innovador, se trata de entender que el entorno, el perímetro donde cabe la experiencia educativa, no es dicotómico, virtual y real, es híbrido. Y es en esa hibridación donde se aloja el desarrollo de la didáctica universitaria actualmente.

Para desarrollar esa idea se ha contado con el trabajo de 27 investigadores e investigadoras de distintas especialidades que, en 11 trabajos, desde la reflexión teórica y la investigación empírica, han abordado la hibridación y la didáctica como eje. También agradecer al equipo editorial de la revista, así como a lo/as evaluadore/as que con su trabajo han hecho posible este aporte. Aquí un breve resumen.


El tema central de este monográfico busca entender la hibridación de los entornos educativos físicos y tecnológicos como un reto teórico y práctico que suscita otras problematizaciones, exigencias docentes y compromisos con la actividad didáctica. Esa hibridación constituye el contexto donde discurre con naturalidad la experiencia universitaria en la actualidad. La geografía -y la misma noción- del aula, sus aspiraciones, sus agentes, sus dinámicas, su cultura o sus recursos, se entretejen de forma más compleja, aunque no exentas de dilemas como también de oportunidades, mimetizando la tecnología en su quehacer. La novedad, si cabe, es que la hibridación de los entornos educativos no es un terreno exclusivo de las universidades estrictamente virtuales o semipresenciales (tradicionalmente apoyadas en la modalidad blearning), sino que la enseñanza y el aprendizaje se despliegan en entornos educativos cada vez más difusos, sin costuras, pero, complementarios y más difíciles de separar. La hibridación es el nuevo tejido donde también se entrama la construcción de la didáctica. Lo anterior supone, entre otras cosas, visibilizar con más énfasis la pregunta sobre dónde -en qué tipo de entornos- y cómo -desde qué enfoques didácticos- enseñar y aprender en la universidad. Los aportes de los trabajos que forman este monográfico van en esa línea en la cual se imbrican prácticas didácticas con desarrollos recientes, tecnológicos o no.

 

En “Hibridación de la enseñanza universitaria. Posicionamientos y preguntas para problematizar las prácticas (Suárez-Guerrero et al., 2025), se busca caracterizar la hibridación de la enseñanza y el aprendizaje universitario como una variable contextual a no perder de vista en la construcción de la didáctica contemporánea. Esa caracterización entiende la tecnología no solo como respuesta sofisticada al problema sobre ¿con qué educar?, sino como una apertura a valorar la tecnología como territorio y entorno de acción y representación. En este marco emerge la exigencia de otros umbrales de agencia y alfabetismos docentes, así como la exploración de otras exigencias para la noción de tarea.

Luego, Kap (2025), Bartolomé (2025) y Díez-Gutiérrez et al. (2025) han querido estimular el debate sobre la hibridación y la universidad desde sus trabajos teóricos. Buscando nuevos agenciamientos para una didáctica contemporánea, Kap (2025) en “Vanguardias didácticas: cartografías para una didáctica indisciplinada en la educación superior, ofrece una lectura desde la pedagogía crítica, la tecnología educativa, la cultura digital y el análisis del discurso. En este contexto, esboza la noción de didáctica indisciplinada como un marco analítico para entender y transformar el actual entorno donde discurre la universidad. Por su parte, Bartolomé (2025) nos ofrece una perspectiva histórica como marco de referencia en “¿Todavía es posible enseñar en la universidad? El cambio de paradigma. Entiende que los cambios globales, que entrañan procesos tecnológicos, proponen también modos de hacer y de conocer que, no obstante, no son cambios homogéneos en todos los países y en todas las instituciones universitarias, y nos exigen más interrogantes a pesar de las certezas tecnológicas. En “La Educación Superior en entornos virtuales: riesgos educativos del uso de tecnología privada al servicio del capitalismo digital, DíezGutiérrez et al. (2025), buscan superar la lectura instrumental, aséptica y descontextualizada con que se entiende la Inteligencia Artificial (IA) para darle un significado poco escrutado en la universidad: entender la IA como una extensión de un modelo de negocio que, más temprano que tarde, condiciona la dinámica de la universidad.  

Por su parte, Andrés et al. (2025) y González Dávila (2025) abordan los desafíos de la hibridación desde una mirada más cercana a la realidad docente, profundizando en estrategias y alfabetismos. En “Estrategias de innovación pedagógica en carreras presenciales: tensiones entre presencialidad y virtualidad, Andrés et al. (2025) presentan el análisis de experiencias innovadoras en la Universidad Nacional de Entre Ríos, en Argentina que son ponen en evidencia la ruptura con las prácticas pedagógicas tradicionales a partir de la integración del impulso de modelos mixtos de enseñanza y la participación de estudiantes con tecnología. A su vez, González Dávila (2025) aborda la importancia de los alfabetismos multimodales en la enseñanza universitaria, enfocados en entornos híbridos que integran componentes presenciales y virtuales. Su artículo “Alfabetismos multimodales en la didáctica universitaria: hibridación de entornos y experiencias de aprendizaje en la era digital aborda cómo la hibridación de entornos y modos comunicativos enriquecen la enseñanza universitaria, promoviendo una mayor adaptación del profesorado a las demandas tecnológicas actuales.

Luego están las aportaciones de Escaño et al. (2025) y Mendizábal Benítez et al. (2025), que trabajan la articulación tanto del diseño como de las estrategias didácticas en entornos híbridos y expandidos. En “Maptelling: narrativa multimodal y cartografía social: favorecer un tercer espacio educativo y artístico para el desarrollo inclusivo comunitario, Escaño et al. (2025) exploran las posibilidades creativas y narrativas de la técnica narrativa maptelling como estrategia pedagógica que se presenta como un proceso multimodal y colectivo que opera con una metodología que combina la cartografía social y la práctica del storytelling. Luego, en “El diseño de entornos educativos virtuales: la necesaria articulación de lo tecnológico, pedagógico y disciplinar para la promoción del aprendizaje profundo, de Mendizábal Benítez et al (2025), abordan los desafíos organizacionales que supone asegurar aprendizajes significativos en la educación virtual, para ello presentan los resultados parciales de una investigación cuyo objetivo fue identificar los elementos que intervienen en el aprendizaje de los estudiantes dentro de la plataforma institucional Eminus de una universidad pública estatal mexicana.

Seguidamente, las aportaciones de Ortega-Camarillo et al. (2025) y Mejia-Lobo et al. (2025), ofrecen una mirada desde un prisma social y colectivo. En “Colaboración y liderazgo distribuido mediados por tecnología en una comunidad de práctica, Ortega-Camarillo et al (2025) comparten un estudio que tuvo como objetivo comprender cómo acontece la colaboración y el liderazgo distribuido en un proceso de co-docencia con mediación tecnológica. La investigación sugiere que la mediación tecnológica puede potenciar la colaboración y el liderazgo distribuido al crear igualdad de condiciones para la interacción entre los participantes. Por su parte, Mejia-Lobo et al. (2025) analizan el impacto de una red social académica (RSA Ingeniemos.net), diseñada ad hoc para promover la adquisición de conocimiento entre el alumnado universitario de ingeniería de sistemas en 4 universidades de la ciudad de Manizales (Colombia). En el artículo “Evaluación del impacto de una red social académica diseñada para promover el aprendizaje entre estudiantes, los resultados avalan la hipótesis que plantea que el uso de una RSA genera un incremento del aprendizaje y conocimiento mediante la interacción social y el intercambio de información.

Finalmente, Jaramillo Mediavilla (2025) buscando aterrizar en el terreno de estrategias didácticas concretas, en “Gamificación en la enseñanza universitaria: retos didácticos y tecnológicos, estudia la gamificación como una estrategia innovadora en la educación universitaria que contribuiría con la motivación y el compromiso estudiantil mediante dinámicas lúdicas. Sin embargo, su implementación enfrenta desafíos pedagógicos y tecnológicos. La investigación analiza estas barreras y oportunidades en la Facultad de Educación, Ciencia y Tecnología de la Universidad Técnica del Norte (Ibarra, Ecuador) mediante una metodología mixta que combina encuestas, entrevistas y observaciones en aula. 

Todas las aportaciones son invitaciones a pensar la forma en que se inscribe el trabajo didáctico en los entornos universitarios cada vez más hibridados por la tecnología, esto, desde perspectivas alternativas, complementarias e innovadoras que amplían y, al mismo tiempo problematizan, la misma noción de hibridación. Como tal, este monográfico busca aportar alternativas teóricas, prácticas y enfoques de investigación que abordan los nuevos escenarios universitarios desde miradas críticas y creativas para, si se puede, caminar hacia un espacio educativo universitario más acorde con el escenario actual.  

15 de febrero de 2025

Mitos EdTech


Esta es la historia de cómo la pedagogía, la psicología y la sociología se mimetizan en un empeño: esclarecer la narrativa inexacta, falaz, dominante o exagerada sobre el poder de la tecnología en educación.

No es un empeño solo académico, ya que los imaginarios pedagógicos, donde también habitan los mitos EdTech, tienen un impacto real en la educación, ya que nuestras creencias influyen en las decisiones a todo nivel, desde el aula hasta la política educativa. Pero tampoco es un empeño neoludita por negar la tecnología; se trata más bien de entenderla mejor, problematizarla, para que su uso sea realmente significativo en la construcción del proyecto humano: la educación. Esto es, además de tecnologías emergentes, necesitamos conceptos pedagógicos emergentes que nos permitan ser exigentes cuando se hable de educación. Creemos que los mitos EdTech van por esa línea.

Con esa vocación nace “Mitos EdTech”, editado por la UOC. Para ello, Juliana, Pablo y yo hemos trabajado de forma crítica, iterativa y entrañable desde un feliz noviembre de 2020 sobre este núcleo: los mitos en la educación con tecnología. Esta dinámica nos ha permitido madurar un primer trabajo, EdTech Myths: Towards a Critical Digital Educational Agenda, pero sentíamos que el tema daba para mucho más y para muchos más. Así que decidimos, inspirados por haber encontrado un hilo conductor para el debate educativo, invitar a otras manos, y las encontramos. Gracias a los 16 docentes e investigadores de distintas disciplinas por dedicarse a trabajar cada mito; gracias a ellas y ellos, este libro es una realidad.

Esta polifonía coral y global se organiza así:  

Cap. I. Mito de la causalidad. Aporías entre los requisitos técnicos y las aspiraciones pedagógicas de la inteligencia artificial en la educación.

María Ranieri

Cap.  II. Mito de la homogeneidad digital. En busca de la equidad.

Cristóbal Cobo y Pablo Rivera-Vargas

Cap. III. Mito de la objetividad. Deconstruyendo un trío problemático: evidencia, métricas y tecnología.

Manuel Area Moreira, Juliana Elisa Raffaghelli y Jordi Adell Segura

Cap.  IV. Mito de la inmaterialidad. Abrir el foco sobre el imaginario educativo de la virtualidad.

Cristóbal Suárez-Guerrero, Inés Dussel y Julio-César Mateus

Cap.  V. Mito de la gratuidad. Las plataformas educativas y el mito de la tecnología educativa gratuita.

Ben Williamson

Cap.  VI. Mito de la inteligencia. Más allá de una educación de silicio.

Francisco José García-Peñalvo

Cap.  VII. El mito de la educación abierta. Abriendo caminos para una educación más justa.

Caroline Kuhn

Cap.  VIII. Mito de la emancipación. ¿Es la tecnología un dispositivo liberador del tiempo y del espacio?

Marina Garcés Mascareñas y Gustavo Herrera Urízar

Cap.  IX. Mito de la justicia social. Tecnología digital, educación y justicia social: ¿una relación mecánica?

Judith Jacovkis y Aina Tarabini

Cap.  X. Mitos EdTech como objeto de estudio de la pedagogía digital crítica

Cristóbal Suárez-Guerrero, Juliana Elisa Raffaghelli y Pablo Rivera-Vargas

También debo agradecer a Albert Sangrà y al equipo editorial de la UOC (no es la primera vez que nos embarcamos en un proyecto) por su dedicación y apertura. Además, personalmente, tengo que señalar que idear, desarrollar y valorar este libro fue para mí, lo que Vygotsky decía: una zona -exquisita y estimulante- de desarrollo próximo, porque aprendí mucho de mis pares. Gracias, Juliana, y gracias, Pablo.

Bueno, grosso modo, este libro busca ser un recurso conceptual de la pedagogía digital crítica que abre una línea de análisis, investigación y debate sobre los mitos ETech.

18 de marzo de 2024

Simposio EDUTEC24: Mitos EdTech, una agenda por revisar

 

En el marco de la XXVII edición del congreso EDUTEC en Sevilla, del 20 y 22 de noviembre de 2025, Juliana Raffaghelli, Università de Padua @JulianaR71, Caroline Kühn, Bath Spa University  @carolak, Pablo Rivera-Vargas, Universitat de Barcelona @pabloriverabcny  y yo, Cristóbal Suárez-Guerrero, Universitat de València @cristobalsuarez, presentaremos el simposio:

Mitos EdTech, una agenda por revisar

El desarrollo de la tecnología siempre está atado a una serie de mitos sobre su poder. La educación no es ajena a este tipo de narrativas sesgadas que, lejos de ser un tema anecdótico, se constituyen como instrumentos simbólicos para interpretar y actuar en el contexto educativo. Cada herramienta tecnológica tiene un sistema de acción con la que reinventar una relación con la educación, pero también acompaña a cada tecnología una serie de expectativas sobre su potencial que necesitan revisión desde una perspectiva crítica, no para estancar su progreso, sino para abrazar un enfoque holístico y ético que permita un uso con respaldo y sentido pedagógico.

En este simposio, y recuperando el trabajo de Suárez-Guerrero et al., (2023), se busca analizar parte de esta narrativa sobre la tecnología y entender cómo funciona e impacta en el quehacer educativo. Esta narrativa puede caracterizarse como mitos EdTech y es una narrativa que goza de amplia difusión y popularidad, pero que se construyen sin respaldo teórico y científico sólido. Esta narrativa no es inocua ya que forma parte del imaginario pedagógico sobre la tecnología donde, en general, se ancla las decisiones educativas en diversos planos como el político, familiar, escolar o en la investigación.

Para esclarecer los mitos EdTech como objeto de estudio sobre la relación educación y tecnología, se presentan, de un abanico de opciones, cuatro mitos: “La neutralidad de la evidencia”: aquí se plantea cómo la investigación en tecnologías educativas a menudo refleja intereses comerciales o institucionales, careciendo de metodologías sólidas y transparentes, lo que cuestiona la transferibilidad y contextualización efectiva de sus resultados. “Sin tecnología no hay paraíso”: aquí se critica la confianza excesiva en el potencial de las tecnologías digitales, destacando que la influencia de BigTech en definir problemas y soluciones educativas surge de la ineficiencia administrativa y la falta de capacidad técnica de la administración pública. “Lo abierto del aprendizaje abierto”: aquí se busca revisar el concepto de lo abierto desde una lectura de la justicia social que examine la noción de acceso tecnológico como sinónimo de acceso educativo ignorando, muchas veces, factores económicos, culturales y políticos. “La inmaterialidad del aprendizaje virtual”: aquí se busca entender que el aprendizaje virtual, por más virtual que sea, no es se abstrae del contexto donde se aloja la persona, ya que toda oportunidad y limitación virtual está atada a una serie de condiciones materiales de las que depende el estatus online.

Con este proceso de desmitificación de los mitos EdTech se intenta abrir un foco de estudio que pueda, más allá de la simple adición o incorporación de tecnología, pensar la tecnología con todo su potencial, pero también con toda su complejidad y todos sus dilemas en la educación. En general, este simposio apuesta por desarrollar una lectura más allá de la una visión determinista de la tecnología en la educación para apostar por una mirada pedagógica crítica, básica para perfilar el cambio educativo.

11 de julio de 2023

Cuando la tecnología no es suficiente

Fuente:

Suárez-Guerrero. C. (2023). Cuando la tecnología no es suficiente en A. Escofet, A. Ayuste, E. Noguera, M. Paya y T. Romañá (eds.), Begoña Gros Salvat. Aprenentatge, tecnologies i educació (Homenatges; 61, pp. 153-175). Edicions de la Universitat de Barcelona. https://diposit.ub.edu/dspace/handle/2445/200362

 

Cuando la tecnología no es suficiente

Cristóbal Suárez-Guerrero

Universidad de Valencia

cristobal.suarez@uv.es


Hace mucho, entre quienes estaban interesados en la relación educación-tecnología, era poco común no saber de la existencia del libro titulado Aprender mediante el ordenador. Posibilidades pedagógicas de la informática en la escuela que Begoña Gros escribió, nada más y nada menos, hace ya treinta y cinco años, cuando hablar de ello era una quimera, en el mejor de los casos, y un sacrile- gio, en el peor. Pero ahí estaba ella. Gracias a ese libro pude saber de Begoña, de su escritura diáfana, a veces lacónica pero siempre sustanciosa, sobre los encuadres pedagógicos que requiere la educación medida con tecnología. Pude aprender más de su enfoque a través del resto de sus publicaciones, sin duda, pero asistí a sus clases dentro del Programa de Doctorado «Procesos de For- mación en Espacios Virtuales» que, a inicios de este siglo, impulsó Joaquín García Carrasco en la Universidad de Salamanca, cuando pocos creían en la virtualidad como entorno educativo. Tenía noticia de Begoña, de su trabajo, sí; pero la conocí cuando llegó a clase precedida de su fama y de una gran sonrisa.

Para quien venía desde Perú, donde ser doctor normalmente supone un estatus adusto, me pareció insólito, a la vez que fascinante y tranquilizador, saber que se puede teorizar tan refinadamente sin perder la sonrisa. La cali- dez de una sonrisa y el tono de voz son gestos docentes que hacen mucho, pero con el tiempo entendí, y esto es propio en Begoña, que la sonrisa es un gesto de gratitud ante la vida. Desde esa gratitud percibes la realidad y puedes construir muchas cosas, como teorías y estudiantes agradecidos (tal es mi caso).

Luego de años de hincar el codo, Begoña no faltó en mi tesis doctoral ni en fondo ni forma. En fondo, porque profundizar sobre cómo se trasforma el aprendizaje cooperativo cuando es asíncrono y textual implicaba revisar sus trabajos conceptuales y empíricos que formaron parte del marco teórico. Pero tampoco faltó al acto de defensa de mi tesis, del que todavía conservo anotaciones válidas.

A partir de ahí, como es natural, nos vimos en congresos, seminarios y demás encuentros siempre en torno a lo que ambos creíamos necesario hacer en educación y tecnología: construir pedagogía. El primer paso, tímido aún, fue en el año 2013, cuando encaramos el reto común de escribir Aprender en red. De la interacción a la colaboración (Suárez-Guerrero y Gros Salvat, 2013), que recuperaba la necesidad de pensar lo social como condición de educabilidad en la red. Pero esto no quedó aquí, había algo que faltaba desentrañar.

Fruto de más conversaciones, lecturas comunes y trabajos de investigación nació la duda: ¿existe una pedagogía red? No esa pedagogía anclada en una única variable tecnológica, sino una pedagogía —que no solo didáctica— que problematice esa variable para hacerla significativa al proyecto humano de la educación. Siempre fue común la preocupación por ir más allá del consumo instrumental de la tecnología en educación, a la búsqueda del significado educativo de su uso. Y siempre fue común la idea de que la pedagogía, cada vez más interdisciplinar, podría aportar algo necesario que no estaba en los manuales tecnológicos. ¿Por qué no? Así nació la colaboración: Pedagogía red.

Una educación para tiempos de internet (Gros Salvat y Suárez-Guerrero, 2016). En este libro están presentes dos encuadres: por un lado, la actitud y la convicción de que la pedagogía, al ser teoría de la educación, tiene la tarea de aportar respuestas, pero también de formular interrogantes que permitan ir más allá de la tecnología; por otro lado, la idea de que cualquier proyecto educativo en internet entraña una estructura de acción y pensamiento anclada en un proyecto comunicativo reticular, la red.

Pues bien, en Pedagogía red nos permitimos dudar junto a otros y atender preguntas simples —que, sin duda, son las más complejas de responder—, así como atisbar algunas respuestas en torno a cuestiones tales como: «¿Por qué aprender en red?» (de Javier Onrubia), «¿Qué aprender en la red?» (de Julio Cabero y María del Carmen Llorente), «¿Cómo aprender en red?» (de Begoña Gros y Xavier Mas), «¿Con qué aprender en red?» (de Ismael Peña), «¿Con quién aprender?» (de Cristóbal Suárez y Paola Ricaurte), «¿Dónde aprender en internet?» (de Francesc Llorens), «¿Cuándo aprender en red?» (de Diego Levis) y «¿Cómo valorar lo que se aprende en la red?» (de Elena Barberà).

Esta preocupación se amplió con un monográfico que Begoña Gros, Terry Anderson y yo coordinamos para la revista International Journal of Educational in Higher Education, titulado «The Internet and Online Pedagogy Editorial» (Gros Salvat, Suárez-Guerrero y Anderson, 2016). Aquí, además de destacar la complejidad y la necesidad de caracterizar los retos que tiene la pedagogía respecto al desarrollo tecnológico, nos preguntábamos lo siguiente: ¿por qué hablar solo de internet en la educación, cuando se puede hablar de una pedagogía? Hoy día, esa tarea de construir pedagogía sobre la tecnología en educación sigue en pie.

La tarea de problematización, esclarecimiento e investigación pedagógica que requiere el hecho tecnológico en educación es más intensa (Meirieu, 2021), ya que se ha reforzado de forma inexorable y global a raíz de la pandemia de la COVID-19; es más, se vislumbran dimensiones que cambiarán la noción de educar con tecnología en la era pospandemia (Selwyn, 2020). En este marco, la noción de aprendizaje red, que goza de un fuerte sustento teórico, se configura como un objeto de estudio que, según el trabajo de la Networked Learning Editorial Collective (NLEC, 2021), se caracteriza por la interrelación de tres fenómenos: las relaciones humanas interpersonales; la tecnología digital, especialmente, y la participación colaborativa. La red —y lo que sucede en ella al aprender en la educación formal, no formal e informal— es un tema complejo, abierto y básico para prefigurar, junto a otras variables, el reto educativo en la actualidad.

Por otro lado, y que no falte, hay cada vez más conciencia de que la tecnología sin pedagogía no funciona y de que hace falta volver, una y otra vez, a la actitud que Freire ya visionaba como angular en el desarrollo educativo y sobre la educación: la pedagogía problematizadora. Una pedagogía que problematice la tecnología es sustancial para abrir puentes al diálogo, la investigación y el desarrollo social (Freire y Faundez, 2013), algo que Begoña sigue poniendo en práctica a través de sus trabajos (Gros Salvat et al., 2020).

Existe la convicción de que todavía quedan preguntas por desburocratizar en la relación entre educación y tecnología (véase al respecto: Suárez-Guerrero, Rivera-Vargas y Rebour, 2020): ¿son suficientes los métodos de investigación educativa actuales para aprehender la complejidad del tejido socioeducativo en red? ¿Cuál es el papel de la tecnología digital en la representación actual del conocimiento y la verdad? ¿Existen tecnologías hegemónicas en cuanto que constructoras de modos hegemónicos de comprender el mundo? ¿Cómo se instrumentaliza la mente con la tecnología digital? ¿Cómo pensar la sociedad desescolarizada en tiempos de conectividad y pandemia? ¿Es la eficacia de la enseñanza la finalidad del uso educativo de la tecnología?

Además de dar soporte a la información, ¿cuál es el mensaje de la tecnología? ¿Cuál es el cambio cultural que impone el uso de recursos educativos abiertos en la educación formal? En un mundo mediado, ¿somos realmente curadores de contenidos o vivimos en cámaras de eco? ¿Conocemos o confirmamos? ¿Cómo configuran y qué peso tienen los algoritmos en la construcción de nociones de enseñanza y aprendizaje? ¿De qué forma la heterogeneidad de soportes y soluciones tecnológicas dificulta el trabajo educativo? ¿Más es menos? ¿Qué se pierde cuando alguien aprende virtualmente en todo momento y desde cualquier lugar? ¿Qué posibilidades y límites tienen las analíticas en la evaluación del aprendizaje, en la evaluación docente y en la evaluación de la gestión educativa? ¿La dataficación en el aprendizaje es la nueva versión mejorada de la «evaluación como medición»? ¿Cuáles son los márgenes éticos en la toma de decisiones evaluativas apoyadas por tecnologías como el big data?

Queda claro, pues, que la vocación pedagógica por entender y atender la tecnología digital desde una visión más amplia, compleja y crítica no llegó por casualidad. Se trata, como dice Freire (Freire y Faundez, 2013, 72), de «vivir la pregunta, vivir la indagación, vivir la curiosidad y demostrárselo a los estudiantes. El problema que se plantea el profesor es ir creando en ellos, y en la práctica, el hábito de preguntar, de “admirarse”». Y esto es lo que pasó, en ese viaje que emprendí hace mucho desde Salamanca y en el que tuve la suerte de aprender de una de las mejores. Gracias, Begoña.

Referencias

Freire, P.; Faundez, A. (2013). Por una pedagogía de la pregunta. Crítica a una educación basada en respuestas a preguntas inexistentes. Buenos Aires: Siglo XXI.

Gros Salvat, B. et al. (2020). «Cuatro décadas de políticas para integrar las tecnolo- gías digitales en el aula en Cataluña: acciones, logros y fracasos». Digital Educa- tion Review, núm. 37, págs. 79-95.

Gros Salvat, B.; Suárez-Guerrero, C. (eds.) (2016). Pedagogía red. Una educación para tiempos de internet. Barcelona: Octaedro; ICE-UB.

Gros Salvat, B.; Suárez-Guerrero, C.; Anderson, T. (2016). «The Internet and On- line Pedagogy Editorial». International Journal of Educational Technology in Higher Education, vol. 13, art. núm. 38. https://doi.org/10.1186/s41239-016-0037-7.

Meirieu, P. (2021). «El futuro de la Pedagogía». Teoría de la Educación. Revista Interu- niversitaria, vol. 34, núm. 1, págs. 69-81. https://doi.org/10.14201/teri.27128

Networked Learning Editorial Collective (NLEC) (2021). «Networked Lear- ning: Inviting Redefinition». Postdigital Science and Education, vol. 3, págs. 312-325. https://doi.org/10.1007/s42438-020-00167-8.

Selwyn, N. (2020). «Digital Education in the Aftermath of COVID-19: Critical Con- cerns and Hopes». Techlash, núm. 1, págs. 6-10. http://der.monash.edu.au/lnm/ wp-content/uploads/2020/06/TECHLASH-01-COVID-education.pdf.

Suárez-Guerrero, C; Gros Salvat, B. (2013). Aprender en red. De la interacción a la colaboración. Barcelona: UOC.

Suárez-Guerrero, C.; Rivera-Vargas, P.; Rebour, M. (2020). «Preguntas educativas para la tecnología digital como respuesta». EDUTEC. Revista Electrónica de Tecno- logía Educativa, núm. 73, págs. 7-22. https://doi.org/10.21556/edutec.2020.73.1733


6 de junio de 2023

El reto de la pedagogía digital

Fuente: Suárez-Guerrero, C. (2023). El reto de la pedagogía digital, Cuadernos de Pedagogía, Nº 542, 9-13.

Cristóbal Suarez-Guerrero

Departamento de Didáctica y Organización Escolar

Universitat de València

cristobal.suarez@uv.es

 

¿A qué le prestamos atención cuando hablamos de pedagogía digital? La respuesta, lejos de ser un problema nominal, singulariza una forma de entender la relación entre educación y tecnología. Este trabajo recupera el sentido amplio de la pedagogía que, sin dejar su dimensión didáctica, toma lo digital como un objeto complejo, lleno de oportunidades, pero también de dilemas. En esta pedagogía digital no solo caben aplicaciones, sino también una visión crítica, pero no paralizante, que permita evaluar y hacer significativa la tecnología al proyecto humano que lo justifica, la educación.

Praxis educativa. Enseñanza. Aprendizaje. Didáctica. Conocimiento. Tecnología. Aula. Docentes.

What do we focus on when we talk about digital pedagogy? The answer, far from being a nominal problem, singles out a way of understanding the relationship between education and technology. This work recovers the broad sense of pedagogy that, without leaving its didactic dimension, takes the digital as a complex object, full of opportunities, but also of dilemmas. In this digital pedagogy there is room not only for applications, but also for a critical, but not paralyzing, vision that allows us to evaluate and make technology meaningful to the human project that justifies it, education.

 

Educational praxis. Teaching. Learning. Didactics. Knowledge. Technology. Classroom. Teachers.

 

Ancient greek man with a wax tablet. 
Excerpt from Painting by Douris (about 500 BC). Berlin, Staatliche Museen. 
Author: Pottery Fan. CC-BY.

¿A qué le prestamos atención cuando hablamos de pedagogía digital? En la prensa es común encontrar sugerentes titulares como «los nuevos retos de la pedagogía digital», «el educador ante la pedagogía digital», «el nuevo ciclo escolar en era de "pedagogía digital"», «¿está lista la pedagogía digital?» o «la pedagogía digital, un tema emergente en la formación de profesores». El avance que veo es que ya no solo se trata solo de educar + TIC, sino de pedagogía, pero ¿qué es pedagogía digital?

El interrogante, lejos de ser un devaneo académico, tiene importancia porque delimitar nuestros conceptos nos ofrece una perspectiva singular del mundo. Sobre los supuestos de qué es pedagogía digital se construyen los límites y las posibilidades de la tecnología tanto en la teoría, la práctica y la praxis educativa. La pedagogía digital no tiene la utilidad de una sofisticada app, qué duda cabe, pero no hay desarrollo educativo sin discurso, enfoque, problematización o saber pedagógico (Lewin & Lundie, 2016).

No obstante, el primer paso al hablar de pedagogía digital es la cuestión pedagógica, ¿qué es? La propia definición de pedagogía reviste una gran complejidad y se caracteriza como un problema teórico, nada sencillo, que tiene un espacio de reflexión propio (Díaz-Soler, 2020). Aquí un apretado esbozo. Por un lado, es preciso saber si la pedagogía es ciencia, técnica, disciplina, discurso, arte o enfoque y, por otro, saber si se circunscribe a proponer métodos de enseñanza y aprendizaje —concepción con la que normalmente se entiende «peragogy» en lengua inglesa (Watkins & Mortimore, 1999)—, o se encarga de las grandes visiones —y utopías— con que se conciben las formas en comprender, vivir y construir la escuela (Carbonell, 2016), o busca esclarecer preguntas antropológico-filosóficas, ético-políticas que dan sentido a lo educativo (Higgins, 2021) o, si se centra en la consecución de la formación integral de las personas (Pallarès y Chiva, 2017). Como la idea de pedagogía no es estática la tarea de definirla, además de ser compleja, es un trabajo permanente.

Ahora bien, cuando a la palabra pedagogía le añadimos un «apellido», la dificultad por saber qué es pedagogía se enmaraña. Se puede hablar de «pedagogía inglesa», «pedagogía Montessori» o «pedagogía cultural», «pedagogía social», pero también de «pedagogía de las cosas», «pedagogía por objetivos», «pedagogía de la pregunta», «pedagogía abierta», «pedagogía inclusiva» o incluso de una antipedagogía, que entiende la pedagogía como un saber «proscrito» muy demandada en las redes sociales. Dicho esto, cuando se habla de educación y tecnología digital, no sólo cabe hablar de pedagogía digital, sino también de otros términos que pueden entrar en ese campo como pedagogía online, pedagogía virtual, pedagogía edtech, pedagogía 2.0, etc.

Concepto de pedagogía digital

No obstante, si se trata de ir sólo al concepto de pedagogía digital, existe la tendencia muy amplia, consciente o no, de reconocer a la pedagogía digital como el saber práctico para ser usado junto a la tecnología digital en los procesos de enseñanza y aprendizaje, es decir, pedagogía digital como práctica pedagógica (Heitink, et al., 2016). Sin embargo, junto a este sentido ampliamente aceptado, hay otras formas. La pedagogía digital puede entenderse también como el marco que permite empoderar a los usuarios digitales a través de una lente de la justicia social (Jeremic, 2021), un saber que busca relacionar los modelos interdisciplinares de creación en el arte con tecnología (Shiau, 2020), un modelo tridimensional basado en orientaciones, prácticas y competencias digitales que posibilitan el uso de la tecnología en la enseñanza (Väätäjä & Ruokamo, 2021), el conocimiento que permite el diseño de tecnologías educativas de acuerdo con principios éticos y formas de propiedad de bien común (Lazarus, 2019), un enfoque de la enseñanza y el aprendizaje que debe permitir el uso —o no— de la tecnología desde una mirada crítica (Stommel, 2014), un saber equiparable al conocimiento técnico pedagógico del contenido (TPCK) Makokotlela (2020) o, incluso, hay quienes que como Fyfe (2011) se plantean si es posible hablar de una pedagogía digital sin tecnología. Se trata de un Torre de Babel.

Pues bien, con excepción de la pedagogía digital crítica, la mayor parte de las definiciones sobre pedagogía digital la caracterizan como un saber práctico que permite conectar las oportunidades tecnológicas con el aprendizaje en contextos de enseñanza. No digo que esta finalidad esté mal, lo que digo es que esta idea de pedagogía puede ser insuficiente tanto por la naturaleza de la educación como por la acción social de la complejidad que entraña lo digital hoy en día.

La pedagogía digital, como sinónimo de conocimiento asociado nítidamente a la búsqueda de la mejora de la enseñanza y el aprendizaje, implica didáctica. Pero el tema didáctico, al que por ningún motivo se debe restar valor, forma parte de una perspectiva pedagógica (Meirieu, 2021). La didáctica, como el currículo, la evaluación o la tecnología, requieren de unos posicionamientos pedagógicos claves para entender la novedad tecnológica en educación (Brailovsky, 2018) y es por ello, a fin de cuentas, que uno de los retos de la educación y la tecnología sea construir esa pedagogía (Williamson et al., 2020).

La educación, como la escuela y el aprendizaje, no se sostienen en una única variable por más sofisticada sea. La educación remota de emergencia dejó claro que era imposible cifrar las esperanzas educativas en una única variable mágica, esta experiencia global mostró que la tecnología fue una salida, no la solución, y que no funciona sola. Pues bien, ya que la tecnología digital es necesaria pero no suficiente, además no es simple, no es sólo técnicamente más compleja, no neutral y aséptica, sino que cada vez es más omnipresente, más opaca y dependemos más de ella. El tema tecnológico en educación, como en la sociedad, no admite únicamente un debate técnico, ni mucho menos, sino también un debate crítico y una mirada contextual más profunda que permita analizar sus grandes oportunidades, también sus dilemas y mitos en la construcción del aprendizaje, así como de la propia humanidad mediada por la tecnología. Es por ello que se requiere una pedagogía digital que intente remontar tanto el maniqueísmo, el consumismo, la neutralidad, el tecnocentrismo, el determinismo o el solucionismo tecnológico apostando por una mirada profunda, interdisciplinar y ética que nos recuerde siempre que lo digital va detrás del proyecto más humanizador que lo justifica, la educación.

Marco pedagógico

Para ese fin es necesario un marco pedagógico, un paraguas conceptual, que busque analizar la educación —y con ello también la enseñanza y el aprendizaje— tomando como perspectiva el análisis del contexto, sus condicionantes ideológicos, el imperativo ético, la investigación interdisciplinar, los desarrollos tecnológicos y todo lo que pueda servir de soporte o fondo para atender la educación en sus múltiples dimensiones. Al final, como señalan Ornellas & Sancho (2015), tras analizar tres décadas de relación educación y tecnología, es sobre las creencias y los puntos de vista pedagógicos sobre la tecnología que construimos en las aulas —o fuera de ellas— una idea educativa.

Pero, una pedagogía digital no es una pedagogía sin tradición pedagógica, un invento de la digitalización, sino un desarrollo que avanza desde una tradición previa; tampoco se trata únicamente de encontrar la mejor herramienta digital para potenciar la enseñanza y el aprendizaje o la gestión educativa, aunque resulte muy importante para esas actividades; menos aún de sostener una pedagogía nacida única y exclusivamente para pensar y hacer educación desde lo digital como fetiche o única salida. Hablando en plata, una pedagogía digital no es sólo reglas para un martillo que busca un buen clavo, no consiste sólo en prestarle atención al árbol sino entender el bosque y no se desarrolla para estar enamorada de su ombligo.

La pedagogía digital podría, por lo menos, atender tres vértices que nutren la praxis educativa. Tomando como base a Meirieu (2020), cuando habla de los tres elementos de la instancia pedagógica; los fines educativos, el conocimiento sobre la educación y los valores que regulan las instituciones, las herramientas y los métodos, se puede hacer una aproximación. Propongo una pedagogía digital no para enrocarse en lo digital como la opción ineludible, sino para examinar su presencia, su sentido y su impacto en la educación, sólo así lo digital puede contribuir a un proyecto humano como la educación y ser significativa —tener sentido— más allá de su sola aplicación.

El sentido de lo digital en la educación

Para analizar y proponer el sentido de lo digital es necesario hacer un examen de las finalidades educativas, desde el examen de los conocimientos interdisciplinares existentes sobre la educación y lo digital, a partir de un estudio permanente de los valores que nunca deben de abandonarse cuando se habla de educación y desarrollo personal y social. Este saber no solo sería útil, sino necesario para la didáctica, para responder a la pregunta ¿cómo educar con tecnología?

Por tanto, una pedagogía digital así requiere abrir el foco y centrarse en acciones que, sin dejar de influir o llegar al ámbito de la enseñanza y el aprendizaje —es donde deben de llegar—, tomen lo digital como algo más complejo: no como un problema, sino como un objeto problemático de análisis, como señala Selwyn (2016). Desde esta visión de la pedagogía digital —de fuerte valor para la praxis educativa—, se podría prestar atención a, por ejemplo, los siguientes puntos: pensar en las grandes oportunidades de aprendizaje que estimula el uso de la tecnología, sí, pero también pensar en las desigualdades sociales que imprime; desarrollar habilidades para gestionar la información y el conocimiento en red, claro, pero también reflexionar sobre el poder y el sesgo de las tecnologías del conocimiento en el propio conocimiento; reflexionar sobre la escuela y la tecnología, sin duda, pero además sobre la propia educación de la atención en un mundo pantallizado; examinar las grandes posibilidades que tiene la relación persona-máquina en el aprendizaje, por su puesto, pero también estar atentos a sus dilemas éticos; examinar las nuevas interfaces del aprendizaje, no hay duda, pero también pensar en los fenómenos como la plataformazion o la dataficacion de la experiencia educativa; valorar las nuevas aplicaciones que ofrecen nuevas formas de hacer algo, pero también atender a las metáforas de trabajo que nos prestan; hacer posible el acceso a recursos educativos abiertos, claro, pero también estimular el debate sobre la educabilidad digital; potenciar el aula como tecnología, es posible, pero también comprender el ecosistema digital; comprender el impacto de los artefactos tecnológicos en el aprendizaje, pero al mismo tiempo examinar el poder de las tecnológicas en nuestra democracia y en la educación ciudadana; conocer cómo influyen las teorías del aprendizaje para usar con tecnología, pero también entender y estudiar el papel de las creencias educativas digitales; prestar atención a las nuevos proyectos tecnológicos globales, así como a los grandes mitos y expectativas con que son puestos en escena y, cómo no, valorar los nuevos desarrollos sobre inteligencia artificial, pero también valorar el rol de nuestra propia inteligencia. A toda esta capa simbólica le llamo lectura pedagógica de la tecnología digital, pedagogía digital.

¿La visión pedagógica, así planteada, sobre la tecnología digital influye en el uso didáctico? Hay trabajos que señalan que esta capa simbólica de representación, como puede ser entendida la pedagogía, cumple un papel significativo en la representación de la tecnología en la enseñanza (Blau et al., 2018) y que estas ideas educativas sobre lo digital, lejos de ser sólo instrumentales, forman marcos epistemológicos y ontológicos que permiten teorizar y actuar sobre cómo se aprende y enseña (Pangrazio y Sefton-Green, 2021). Es decir, todo lo que hace un/a maestro/a con tecnología para influir en el aprendizaje de sus alumnos requiere de saberes didácticos específicos, saberes donde bullen visiones pedagógicas de lo digital que deben ser visibilizadas, analizadas y siempre puestas como hipótesis de trabajo. Por ello, ya que adjetivar la pedagogía como digital no sólo impone adhesión, sino interrogación (Suárez-Guerrero et al., 2020), este encuadre simbólico está compuesto de preguntas y respuestas sobre para qué, por qué, qué, cuándo, con quién, cómo o con qué educar en un entorno en red.

En general, lo que busco es realzar una pedagogía como una reflexión que nos exija, a docentes, gestores o investigadores, una comprensión de lo digital de forma holista, crítica, interdisciplinar, política, ética y humana que dé soporte al trabajo didáctico en torno a la enseñanza y el aprendizaje con tecnología. La tarea de la pedagogía es examinar atentamente la tecnología digital como parte de una complejidad mayor que implica la educabilidad del ser humano.

Referencias

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Brailovsky, D. (2018). Lo nuevo y lo tradicional en educación: una oposición engañosa. Revista Senderos Pedagógicos9(9), 161-178. https://doi.org/10.53995/sp.v9i9.963

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